Sobre la mesa

El ineludible Derecho a la Ciudad

El siglo XXI, nada sorprendente, contiene una característica sin igual que significa el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad. Instituciones de todo rango prevén que para el 2050 la tasa de urbanización llegara, más o menos, al 70 por ciento. Todo indica que las ciudades son y serán el lugar común de todos; centro de la riqueza potencial de las sociedad a escala mundial de la economía globalizada, de diversidad cultural, de un modo de vida generalizado, de acelerados cambios y construcción de nuevos escenarios; de alternativas e innovaciones de producción y comunicación; lo mismo que de cruentas modificaciones ambientales y crecientes incertidumbres sociales, de inseguridad, de desigualdad urbana espacial y de calidad de vida.

Más allá de las cifras y estadísticas, del discurso sobre las bondades que recorren las reformas y programas oficiales, según los círculos del poder públicos y privados, lo cierto es que la crisis local, que deviene de su ramificación globalizada y la propia, nos llevan a repasar otros-nuevos imaginarios en la construcción social y participación sobre el derecho a vivir y convivir en la ciudad, lugar en donde la historia humana, civilizada, ha llegado a concentrar lo mejor del progreso. La ciudad no solo es ya la percepción de las nuevas relaciones territoriales surgidas de la modernidad; es la nueva realidad que conjuga ahora los derechos que se encuentran incluidos en las cartas magnas de la mayoría de los países del mundo. En México –como en América Latina por ejemplo– existe el derecho a una vivienda digna, al trabajo, al salario suficiente, a la educación, a la salud, al agua, al deporte, al medio ambiente sano, etcétera; todo un cumulo de buenos deseos que se asumen de manera aislada, que se resumen además en la dispersión de observatorios y convocatorias a la participación ciudadana, a veces entre bálsamos de simulación y el supuesto de la gobernanza. El Derecho a la Ciudad, hora, ya y hacia el futuro, forma parte de una nueva etapa en la historia de la humanidad y en los derechos de los seres humanos en sociedad.

Henry Levfebre, tuvo mucha razón en su tiempo, solo que ahora ese derecho–más allá de cualquier ideología política– se renueva y evoluciona, integra y suma todos los derechos de los individuos y sus comunidades. No en balde será el tema central de la Nueva Agenda Urbana en la celebración de Hábitat III en Quito en octubre del presente año. La referencia a lo urbano, debe agregar ahora la necesidad de repensar no solo en el discurso, el modelo de planificación bajo el principio de sustentabilidad eco-ambiental y social, dar vuelta a la página del crecimiento extensivo o en altura como método y sistema de especulación e inequidad. La desigualdad tiene ya un acento que requiere ser descifrado para plantear otras formulas de hacer ciudad. Que no quiere decir no hacer negocios. Por todo ello, han surgido una serie de inquietudes en el medio académico, profesional, social y cívico, que ha retomado un grupo de personas de todos esos medios para lanzar una convocatoria, que incluye contactos con otros lugares del país y del extranjero, para formar una comunidad en Red –en lo local será presentada en breve–, que de manera integral trate y discuta abiertamente, debata con respeto, con apertura social, esta nueva era de El Derecho a la Ciudad.