Sobre la mesa

Corrupción e irracionalidad el signo

En el mundo globalizado, se vive un presente marcado por signos alarmantes de inestabilidad, riesgos e incoherencia, incluyendo sobre todo la intelectual. Por todo el mundo se producen noticias acerca de actuaciones de corrupción por parte de personas vinculadas al servicio público, a gobiernos de diversa escala territorial, así como la implicación confabulada de empresas y dueños o directivos de estas. Trátese de Europa, América, África o Asia, todo hace parecer que el modelo y el sistema, han prohijado una sistemática producción de corrupción y de lo que se da en denominar como “enriquecimiento inexplicable”. Lo lamentable es que en ese aparador aparecen candidatos a gobernadores, presidentes nacionales o municipales, ex gobernadores y funcionarios elegidos por el voto ciudadano que confió en su honestidad.  Mientras tanto, cunde el discurso oficial en el que no se ve la paja en el propio ojo o en el patio trasero, donde pernoctan algunos convivientes. Cierto es que hoy la violencia y la criminalidad son parte de la incertidumbre cotidiana que se vive. Salir a la cale a cualquier hora, especialmente por la noche,  se ha convertido en una alarma interior que marca el comportamiento preventivo de las personas.  Esto se acompaña de un alto nivel de impunidad.

Pero lo que ahora causa verdadera preocupación, es la actitud de dirigentes de países poderosos y armados, especialmente los de Estados Unidos y Corea del Norte, cuando el primero, Trump,  actúa beligerantemente sin respetar los acuerdos de la ONU que les obliga, al mismo tiempo que al igual que Kim Jon-un, amenazan con una conflagración atómica mundial que nos envolvería a todos. En esta línea de invocaciones, se encuentran los terroristas insertados en la cultura del Islam; se suman los complejos sucesos en Siria. Se agregan Rusia, Turquía, Afganistan, Ucrania, Venezuela, Palestina-Israel,  etc. La silenciosa participación de China, Japón y la India, mientras la mejor Unión Europea ejemplar– a cuestas con el brexit y los movimientos independentistas– entra en crisis; al mismo tiempo que la peor derecha político-ideológica y el populismo inundan los procesos electorales y la vida de sus comunidades.

Los extremos parece se reproducen y actúan. La irracionalidad invade todo el orden que se refleja en la desquiciante acumulación de poder y riqueza en unas cuantas manos; corporaciones  e individuos. El crecimiento de la pobreza y la desigualdad en todas las geografías continentales, en las ciudades que se supone son la realidad y el centro del futuro de la humanidad, son el signo predominante de estos tiempos neoliberales, mientras al mismo tiempo esa irracionalidad que tiene como meta la riqueza particular,  sigue la vía de utilizar los recursos naturales sin medida. Y en lo más cercano, vaya el ejemplo que parece menor pero es expresión recurrente de lo mismo, el gobierno municipal de Zapopan intenta el absurdo (¿pasaraá?) de poner a la venta territorio que afectaría la salud de la ciudad y sus habitantes en el futuro. ¿Para eso sirve también planear las ciudades desde el poder oficializado? ¿y el POTmet?

dgonzaler@gmail.com