Sobre la mesa

La condición parasitaria

Uno de los problemas en la sociedad actual, es el vacío o cuando menos la obsolescencia de los conceptos utilizados para observar, comprender el significado de los nuevos fenómenos sociales, ambientales y económicos, rebasados por la dinámica con la que se presentan desde hace algunas décadas. Incluso el agotamiento de las palabras, la terminología, los adjetivos utilizados en el discurso por quienes quieren aparecer como parte de esa suerte de personas que han alcanzado posiciones por quien sabe que confluencias del destino. Así podemos leer continuamente en diferentes medios –prensa, televisión, profusamente en las redes que transcurren por internet– que alguien acude a la “novedad” para agarrarse a sus estelas y parecer que se está en la punta, en la avanzada de las ideas que pueden aplicarse sin más a los problemas sociales que aquejan a nuestras comunidades.

El ámbito del leguaje que se introduce en el marketing de la retórica institucionalizada, sin mérito propio. Eso verbalizado que contamina la noción propia de la tarea comprometida, especialmente cuando no se sabe bien qué sigue después de la palabra y la frase aislada. La formación y uso del lenguaje sin asumir de fondo el compromiso, la idea que solo se queda en la superficie y sirve para aparecer en la tribuna como alguien que abreva en las fuentes de lo nuevo, aunque sea algo ajeno a la persona misma. Tal es el caso, reciente, de un legislador al que le dio por leer el tema ese de “el derecho a la ciudad”, en este medio o en algún otro (esto lo dudo), para envolverse en la sacrificada ofrenda de estar al servicio de una sociedad que en otra posición anterior reciente olvidó, dejando una estela lamentable de lo que fue su administración.

El tema no es solo una frase que pueda convertirse en máscara particular para intentar lavar posturas particulares. Existe todo un movimiento no solo local, que busca reivindicar ese derecho en la nueva condición y en el marco de las transformaciones de una sociedad globalizada y colmada de asimetrías y desigualdades. De procesos que generan inconformidades en una dimensión política no estudiada a fondo por los cuerpos de gobierno o que se evita hacerlo, porque así conviene o estremece por sus efectos. Millones de gentes han muerto en las últimas décadas por la contaminación, el hambre y las enfermedades, la falta de educación. En gran parte también los contenidos que se comunican son factores cómplices de una situación cuyos límites están cerca de todos; límites que acechan a la vuelta de la esquina. El simple discurso en la tribuna o su difusión mediática, no puede convertirse en una aproximación a las realidades que con intención o sin ella se ignoran o se evaden.

Reconstruir el derecho a la ciudad no es una tarea fácil ni sencilla, requerirá de otros fondos intelectuales y leguajes que se lleven a la solución colectiva de los problemas que afectan a esos millones de ignorados por el discurso. De políticas públicas que recojan los problemas no para el discurso sino como una realización colectiva que siga la ruta de una-otra construcción del hábitat social, de la ciudad como sede de la cultura y de la historia humana. Así que, señor legislador, hay que estudiar más que es eso de lo que se habla.