Sobre la mesa

Nuevas reglas en espera

No cabe duda que al filo del cambio de centuria, más allá de los festejos y pronósticos en cualquier sentido o con cualquier fin; cuando todavía se dejaban escuchar los ecos de la expansión y la cauda tecnológica que se avecinaba, los augurios de que algo había llegado a la última temporada de una larga etapa del llamado crecimiento de la especie humana, especialmente durante la construcción de su proyecto moderno, la cuenta heredada que se analiza nos muestra que el modelo de desarrollo impuesto ha deteriorado las cualidades eco-ambientales del mundo y sus resultados encienden ya una indudable alarma sobre el futuro del planeta y la humanidad. En esta compleja relación de realidades y situaciones, las ciudades han sido y serán las claves territoriales para comprender la historia y modificar gran parte las condiciones negativas de una forma de construir y hacer ciudad, basado en una especulación demoledora, políticamente  catastrófica y socialmente degradante.

La situación de los procesos que trae consigo el cambio climático y los riesgos asociados a este, tanto presentes como en el porvenir, deben llamarnos a entender las nuevas reglas por instrumentar para construir nuestras-otras ciudades, convertidas ya en regiones de interdependencia demográfica-ambiental-económica-social. Es necesario concretar y conducirnos por una nueva  fase de la relación entre las comunidades del mundo y los poderes en activo para producir otros medios e instrumentos que contengan un nueva actuación gobierno-sociedad para planear y producir las cualidades de las urbes. Transformar autoridades y poderes económicos; enfrentar las contradicciones para cambiar  lo que sucede desde hace muchas décadas. En los años setentas la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos, mayo 1976, Vancouver, Canadá, expreso en su Declaración de Principios, “Advirtiendo que la calidad de vida se halla determinada en grado considerable por la condición de los asentamientos humanos… Profundamente preocupada por las dificultades crecientes con que tropieza el mundo para satisfacer las necesidades y aspiraciones básicas de los pueblos en consonancia con los principios de la dignidad humana.” Hace 38 años, y todo sigue igual.

Recordemos que antes, en 1972, El Club de Roma realizó un estudio denominado “Los límites del Crecimiento”, que alertaba sobre las condiciones del desarrollo urbano y social (Sustentabilidad). Le siguió el Informe Brundtland, “Nuestro futuro común”. En 1984-1987 (Desarrollo Sostenible). El Protocolo de Montreal de 1987 (Capa de Ozono); 1989 Convenio de Basilea (movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su eliminación). Cumbre(s) de la Tierra: 1992-Río de Janeiro (Agenda 21) en el 1992-94 (Cambio Climático y Biodiversidad Biológica); Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático abrió para firma en la Cumbre para la Tierra en 1992. La  2ª  Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos, Hábitat II,1996, Estambul, (Sostenibilidad, Desertificación). Johannesburgo, 2002  sobre “Desarrollo Sostenible” (pobreza, derechos humanos, consumo, globalización, recursos naturales). Protocolo de Kioto (contaminación ambiental). Los Retos del Milenio (pobreza, salud, igualdad, alianza, educación, etc.). ONU-Hábitat-7, 2014, Medellín (Cambio Climático, Pobreza, Planeación Territorial y Genero). ¿hace falta algo más o entramos con seriedad a trabajar sobre el problema de la especulación, y especialmente la inmobiliaria?