Sobre la mesa

¿Intereses públicos o privados?

Y el Atlas por fin ganó; la primera dama se puso celosa con la mirada del presidente; un político fue agarrado infraganti; la hija de un líder sindical apareció viajando en un avión particular con tal o cual fortuna encima; un intelectual versa sobre algo fundamental e ideológicamente admirable. Cada vez que algo así sucede y se sube al Facebook o al Twitter o aparece en algún medio informativo, los contextos de calificación moral o ética, de admiración o deshonra, de aceptación o rechazo, son hoy de tal magnitud y velocidad, que pasan rápidamente. El olvido o el recuerdo se insertan en el catálogo y estantería de las máquinas y los sistemas; hasta en la nube. En lo primero se hablaba previamente de precipitación al descenso (como si eso fuera el infierno y no solo pérdida de dinero); que era una situación de vida o muerte. En los otros, se supuso que los sentimientos de la primera dama eran de celos y enojo; la exhibición de una joven en un avión privado con excesos de lujo en su vestir y sus viajes, se anotó público la idea (a lo mejor era solo eso), de que el progenitor estaba convertido en un pillo de malas suelas, protegido por los “servicios prestados al país” y sin castigo aunque fuese el que proviene de lo divino.

Esto, que parece primero para el anecdotario, se vuelve la fase estelar de algo que se ha denominado ahora trending topic (devenidos de los hashtag). Medio convertido en instrumento de información que signa los escenarios de una realidad sujeta a la manipulación de circunstancias que se descomponen, que se fragmentan en un explosivo coctel de posibilidades al dispersarse entre los flujos directos e indirectos de información (también ahora los tailored trends). En esa esfera de imaginarios convulsos, entre muchas otras cosas, se encuentra envuelta la mayor parte de la información y comunicación en estos tiempos. Calificar los comportamientos sea cuando se trata de ansiedades de popularidad o cuando se trata de organismos de todo tipo y sus acciones, a través de un modelo personalizado o uno abierto al mejor postor. La televisión y la telefonía satelital avanzan en sus posibilidades de cambiar espacio, tiempo y verdades, transparencia y opacidad. Instrumentos que sirven para utilizarse en la contienda económica o política, como para difundir una innovación científica o tecnológica. Interceptar los hechos humanos, culturales y sociales, para actuar desde intereses que pueden  aprovechan sus posibilidades, lo mismo para plantar prestigios o preservarlos que para cuidar dignidades o destruirlas.

Si bien es cierto que todo está cambiando continua y rápidamente, a velocidades que rebasan cualquier pronóstico al respecto, las redes de comunicación, de todo tipo, aún pensando en la estructura oligopólica-casi-monopólica de los medios, por los entretejes de los personajes y empresas involucradas globalmente, son hoy y hacia el futuro un poder de tal dimensión e impacto, que modifica y trastoca estructuras institucionales, comportamientos y culturas. Un sistema  fuertemente organizado desde el poder real, que obtiene cuantiosos dividendos e interviene en los intereses de regiones, estados y comunidades. Televisión, Internet, telefonía, etc., todo un complejo mundo. Y entre estos velos sucede que aparecen las redes sociales abiertas que han comprendido esta fuerza, y se han convertido paso a paso en una contraparte que participa, cuyos efectos aún no han sido seriamente medidos. Hay comunidades críticas que se expresan en esta línea, que no solo son grupos de inconformidad o actúan reactivamente (yo soy 1132, las autodefensas, el uso de la bicicleta por los ambientalistas, etc.). Los medios, todos, pueden ser activos importantes para el aprendizaje, social y cultural, para construir otras opciones que intenten transformar un determinado estado de cosas. Ante tales situaciones, la tentación de su control o su mediatización o eliminación, o lo peor en un momento dado, su represión, puede llevar a cualquier democracia en construcción a deplorables etapas no olvidadas de la historia. Aprovechar sus cualidades más esenciales y su potencial, sería algo interesante para un devenir social más armónico. Una discusión está pendiente en el Congreso de la Unión, esperemos que no se repitan los desatinos pasados.