Sobre la mesa

Futbol: ¿negocio- espectáculo-deporte?

En días pasados sucedieron hechos lamentables los que, no obstante reprobables por cualquier lado que se vean,  se ha vertido su tratamiento en la repetida fórmula de darle vuelta al fondo del asunto, tratarlo desde la óptica populista-tremendista, de la condena al orden, del castigo a los que violentaron la paz y maltrataron a personas. Sin embargo, cada vez que algo así sucede en algún estadio del país, todo se inclina hacia la condena de los que participan directamente en los hechos, en los que se dicen aficionados a algún equipo y utilizan tal condición para desfogar frustraciones personales e inquinas sociales. Se repite que las autoridades, especialmente la policía, fallaron y que deben poner un alto e intervenir con mayor fuerza represiva y garantizar que nada suceda que enturbie el sano desarrollo del juego; ese del que son dueños un pequeño grupo de personas adineradas y empresas que han llevado sus intereses por las  muchas ganancias que produce, a transfigurar el deporte en un espectáculo (que lo es en sí), en su beneficio directo.

Antes, y es eso es decir siempre, la competencia deportiva como todo en la vida, produce animaciones emocionales y a veces explosiones del comportamiento. Solo que en la sociedad de masas urbanas que se vive hoy y ante las desigualdades e inequidad que laceran la realidad de estas aglomeraciones humanas, la probabilidad de hechos como esos aumentan, agregan y vierten su descontento con mayor fuerza; en esta ocasión en contra de la “autoridad”; algo que hay que analizar. Mientras, quienes se benefician del negocio-espectáculo, que además es deporte, se esconden entre los telones de una autoridad que gasta el dinero público en proteger sus intereses; cuando lo que debería suceder es que ellos, los dueños y la Femexfut, debieran hacerse cargo de sus intereses y así de la seguridad de los estadios y, al caso, asumir sus responsabilidades correspondientes con sus utilidades. ¿Qué no es ésta una situación parecida a la de los Bancos? Entonces porque no se les obliga a estos dueños de un negocio millonario hacer lo mismo.

Este drama, porque eso es, se ha alimentado además desde hace tiempo con aventuras mediáticas y confabulaciones organizativas. Si no es equivocado, comenzó en un club con la copia de las “barras” que antes eran porras. Sumado luego el concurrido tema de “calentar” los partidos, con la ayuda de la prensa, con declaraciones apuestas de los dueños para aumentar entradas y ganancias. Mientras tanto los jugadores siguen fuera de la Ley Federal del Trabajo, ante las cuotas represivas que imponen los dueños y la Femexfut para controlarlos (y hasta no pagarles). Se sabe la manera en que los dueños de los equipos han patrocinado, protegido, a las “barras” (viajes, boletos, lugares apartados , etc), y cuando pasan hechos como estos esconden su culpa y solo dan la cara para pedir la acción de las autoridades y reprobar los hechos, y a veces poniendo curitas en la herida.

Recordemos que en un lleno reciente acontecido en el Estadio Jalisco, cuando la final de la división de ascenso, en la que triunfaron los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, no hubo “barras localizadas, ni porras agrupadas. Asistieron ciudadanos con familias, jóvenes con inquietudes y preferencias partidarias, el estadio se lleno como hacía mucho tiempo no pasaba, y al final, aun entre la euforia del triunfo, no sucedieron hechos negativos. Esa vez mucho se dijo y felicito del comportamiento de miles de personas, que gozaron del deporte-espectáculo. Nadie aposto públicamente, como lo hicieron esta vez los señores Vergara y Salinas. ¿No va siendo tiempo ya de poner orden entre quienes se benefician del negocio-espectáculo-deporte y exigir que asuman responsabilidades que les corresponden? ¿O esperaremos algo más lamentable?