Sobre la mesa

Corrupción, futbol, FIFA

No cabe duda que la corrupción es una especie de larva que se ha introducido en todo el sistema económico y formas de vida en el mundo. Todo hace parecer que el modelo capitalista está infectado de un virus que cubre todo el quehacer humano que significa la tarea de acumular riqueza. Las noticias hacen ver la práctica de la corrupción como un proceso natural incrustado en la sociedad; especialmente cuando se trata de la riqueza y de los beneficios que de esta se derivan para el ocio y las satisfacciones particulares. Pero la corrupción no es solo un asunto monetario, abarca una enorme cantidad de actividades que van desde el uso privilegiado de la información, las negociaciones que tienen que ver con el intercambio material, la producción, el comercio, la violencia, la empresa, la impartición de justicia, y hasta quien desde una ventanilla procede a practicar, por diferentes razones, un acto con tal significado. En México no son pocos los ejemplos de que dan cuenta los medios informativos sobre tan vasta enfermedad social. Los temas relacionados con el petróleo y la gasolina, con las comunicaciones, con el aumento de precios, con evitar cualquier multa, con dejar libre a delincuentes, etc. Y no hagas nada que pueda parecerlo, o como diría, Diego Fernández de Cevallos, “pero qué necesidad”,  de aprobar la Ley de Energía en medio del fragor de la gesta futbolística en Brasil. Las notas de los jugadores de futbol que alcanzan fama y dinero, llenan páginas de prensa, pantallas de televisión y celulares, corresponden a una muy contada minoría. Una justa mundial de la magnitud de la que se celebra en Brasil  produce un entorno de intensa actividad competitiva  (al mismo tiempo económica) que ha llegado a provocar el uso de drogas y químicos prohibidos en aras de alcanzar la fama y el dinero; beneficios que incluye el de los empresarios del deporte. Así, el futbol se ha convertido en un gran negocio dirigido por un selecto grupo de poderosos empresarios que dirigen la compañía denominada FIFA. Ese deporte, que es hoy un gigantesco negocio, se ve ahora en medio de un círculo que encierra problemas que nos ponen de cara ante la realidad de los excesos de los ricos y los problemas de la pobreza que sufren  millones de habitantes en Brasil y en el planeta (México no se queda atrás). Las manifestaciones de corrupción que envuelven a la FIFA en recientes noticias que dan la vuelta al mundo (árbitros dirigentes y árbitros), contrastan con las otras manifestaciones que han proliferado también en Brasil, expresiones de una comunidad que lucha por resolver las carencias de las mayorías, que ahora advierten producir desordenes durante la celebración del campeonato mundial de futbol. Todo esto no remite a una verdad que mezcla contradicciones de gran magnitud: un pueblo con una gran tradición de calidad futbolística como lo es Brasil y los habitantes de ese importante país que claman justicia y equidad para, al menos, reducir las carencias que sufren cada día. Había también que imaginar lo que los jugadores de la selección de Brasil cargan estos días en su mente; por una parte grupos sociales muy amplios no quieren que ganen, para evitar que la euforia de un triunfo pasajero lleve al olvido el fondo del problema (algo se parece a nuestro país), mientras otros, ligados al poder o a las amnesia social, desean que ganen; vaya conflicto.  Y qué decir de la FEMEXFUT que ha violado las leyes laborales y derechos humanos de los jugadores desde hace mucho tiempo, deportistas profesionales cuya vida activa es bastante reducida, en términos de una edad que hoy puede alcanzar como promedio los 75 años.