Sobre la mesa

Ciudad: la planeación y el caos

La ciudad de Guadalajara, que se connota y trata de entender desde hace décadas como área metropolitana,  ha entrado en una espiral de problemas y caos, producto de los muchos intereses especulativos que se han instalado sobre su territorio y la sombra de seguir haciendo de la planeación el arma de su deterioro paulatino. No es oculto que la ciudad fue convertida desde hace bastantes años, en un predio único útil para intervenir bajo los fines de especular con el uso de su suelo. En esta tarea, la planeación, la herramienta técnica que significa el medio para dar sentido a su desarrollo cualitativo, se fue quedando al paso del tiempo, como una intervención administrativa-burocrática, agotada entre las trampas de la lógica de la zonificación (que no es otra que la del reparto de la renta), y adecuada bajo la disculpa de no chocar o convenir con el libre albedrío de los intereses particulares y entre las débiles resistencias de los profesionales que tomaron su cuota en el reparto. En este caso, las administraciones públicas (dejémoslo así), han tenido su parte al olvidar (¿?) que el objetivo de prever el desarrollo de la ciudad, por encima de la retórica que se aparece en todos los discursos y contenidos oficiales, dejó de lado que planear la ciudad debe y tiene en esencia un alto sentido social y un complejo contenido conceptual. No se ha asumido el compromiso de intervenir como la opción de futuro que significa la ciudad como producto vivo y humano, en proceso de cambio constante, integrado a un medio de naturaleza ecológica, que es un compromiso con las generaciones por venir.

Los “planes parciales” que se quieren aprobar para el municipio de Guadalajara, están tratados en la línea de más para lo mismo. Una mirada crítica reciente, nos llevó a comentar, directamente, que su contenido tiene lagunas y omisiones, si se quiere que estos respondan a una idea diferente de ciudad. Una que abone nuevas ideas y se encuentre con impulsos innovadores. Como ejemplo, la altura de edificaciones no es solo un tema de ancho de vías terrestres para la circulación vehicular. Afirmamos que la denominada consulta pública sigue siendo una forma de simulación. La ciudad es de sus habitantes, todos sin distinción de clases o ideologías, y por razones instituidas en la forma de su gobierno, se les presta o concede su administración por un periodo a ciudadanos en su papel de funcionarios públicos. No tiene sentido planear y re-planear la ciudad bajo el mismo orden que la han llevado a su inoperancia objetiva (se puede discutir). La comunidad que la habita y construye,  no tiene la prisa de sus administradores, quiere una ciudad mejor y puede esperar el tiempo necesario. La ley no obliga a cambiar, revisar es una oportunidad no solo una opción de adecuar intereses. A menos que acaso se trate de gastar presupuesto.

La realidad actual de la ciudad de Guadalajara y su área de impacto, es un continuo trazado de complejos problemas de funcionalidad de sus partes y finalmente del todo. Basta observar lo que pasa en la vida cotidiana de los habitantes y sus organismos productivos, para constatarlo. Las regiones-urbanas, como esta y otras ahora y en el siglo XXI, por sus implicaciones y flujos ambientales (ya lo metropolitano esta desgastado), hace necesario pensar en alguna estructura oficial supramunicipal que tenga la responsabilidad y capacidad institucional de entregar resultados técnico-políticos, para reorientar el rumbo de la planeación y desarrollo de las ciudades de gran magnitud e importancia eco-económica y social. Es claro, (si se quiere discutir sobre la mesa), que el modelo institucional, que incluye la división y autonomía de los municipios, es una realidad rebasada cuando se trata de dar un desarrollo armónico a la urbe y su región. Esto a pesar de que, entre la normatividad, se tropieza con la obligatoriedad de acordar y coordinar esfuerzos cuando se trata de proyectos cuya dimensión afecta o va más allá de los límites de municipios conurbados. Cambiar la constitución no es tarea simple y hay duda sobre si se quiera hacer en el caso del 115 constitucional, dado su posible costo político. Y habría que pensar que el problema del cambio climático no es solo un cuento como el del lobo.