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Me rapé por Trump

Previo a las elecciones del pasado martes en Estados Unidos compartí con mis contactos de Facebook, el mensaje  que me raparía  si Donald Trump ganaba la presidencia  de los Estados Unidos. Señalé algunos motivos que está de más comentar, cuando la gran mayoría (por no decir todos), estuvimos sorprendidos provocándonos el resultado, casi una  trombosis cerebral. 

La mayoría de  los análisis previos que leí, ninguno atinaron con los resultados. De ahí, mi valor para ofrecer mi cabellera como cuando el Maestro Lagunero Blue Panter ofreció  su máscara convencido de ganar. 

Una vez que ganó Trump la silla política con más poder en el mundo, tuve que cumplir con mi promesa. Se me vino a la mente aquella frase de que “El hombre es su palabra”, hermosa advertencia que escuche cantidad de veces en la voz de mi entrañable amiga Guadalupe Fraire en aquellas fiestas donde rendíamos culto al arte de demóstenes.

Entonces, una vez lanzada la advertencia de perder el cabello como Sanzón (pero no en las manos de Dalila), sino del peluquero más cercano, reflexioné que en política sigue habiendo sorpresas y sorprendidos dentro de los que me incluyo, más allá de tomar partido por tirios y troyanos desde contextos distintos y  lejanos con explicaciones a posteriori de los resultados. 

Hoy más que nunca la idea que tenemos los gobiernos que merecemos toma vigencia o bien: ¿qué acaso estaremos ante nuevos modelos electorales donde el votante ya no opta por elegir la mejor oferta política sino por rechazar lo intolerable dentro de lo intolerante?

Pareciera que todos nos hemos impuesto la toga de jueces ante un ecosistema político que muestra una “realidad inadmisible” como diría el recordado Don Salomón Atiyeh. La experiencia de mi rapada me da cuenta de una maremagna ignorancia que tengo sobre la sociedad y el votante norteamericano. 

¿Qué necesidad? Bueno, me ayudó a cambiar de corte. 



ckarmona@yahoo.com.mx