AGORA

Por un gobernador lagunero

El PRI dividido pierde y pierde por mucho. Las pasadas elecciones del cinco de junio así lo comprueban, tomando las condiciones  propias de cada entidad. A nivel regional a diferencia de Durango, el Coahuilense no se siente pueblerino (existe un estudio que respalda el dato), y  su nivel de vida supera por mucho a la tierra que me vio nacer.

Y así entonces a los estrategas electorales se les olvida que la gente (entre muchos factores), también vota en contra de aquello que le avergüenza y da pena.

No podemos negar que Torreón demanda un Gobernador Lagunero, (independientemente del color que sea), además de que  muchos priistas ya no se conforman con puestos irrelevantes o con platos de lentejas; no se diga quienes desde la sociedad civil o desde el mismo PAN construyen y tejen acuerdos y alianzas por ver a Coahuila transitar a otra posibilidad de gobierno que no sea el PRI.  

Sin embargo, la política regional ha cambiado y se antoja que para 2017 la exigencia “romántica” de tener un Gobernador Lagunero cuaje. Afortunadamente los  métodos de unidad y consultas  han sido rebasados por los resultados ante el descredito de los partidos. La gente vota por trayectorias y perfiles, donde por cierto la caballada lagunera no está nada flaca.

Esta vez quienes aspiran gobernar Coahuila desde La Laguna, deberán demostrar que la democracia exige dos supuestos: primero, piso parejo y segundo: correlación de fuerzas.

Los laguneros estamos hartos y hasta la madre (permítaseme la expresión), que desde las capitales en Durango y Saltillo nos impongan perfiles, programas, políticas y a quienes nos gobiernan entre un interminable etcétera. Pareciera  una lucha entre amigos y enemigos irreconciliables por acceder al poder. Habría que apelar a las regiones como parte de un todo dentro de un equilibrio de fuerzas  y construcción de acuerdos entre ellos, que hagamos posible que gobierne Coahuila un Lagunero. 


ckarmona@yahoo.com.mx