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¿El fin del poder?

En estos días terminé de leer un libro que atrajo mi atención hace unos fines de semana esperando un vuelo, “El fin del poder. Empresas que se hunden, militares derrotados, papas que renuncian y gobiernos impotentes: como el poder, ya no es lo que era” de Moisés Naím (Debate, 2014) académico, ex ministro en Venezuela y colaborador de organismos internacionales. De entrada, salvo la parte aspiracional de tener mejores instituciones que garanticen democracias calificadas en un mundo globalizado a semejanza quizás de Suecia o Dinamarca, el autor centra en su texto un problema fundamental  cuyo capítulo tituló: “la degradación del poder: ¿el vaso está medio lleno, medio vacío?”, pregunta que me asalta en estos días por el tema de Michoacán y todo lo que está por verse.El libro, escrito sin duda desde la catarsis de alguien que ejerció cierto tipo de poder, en el sentido  amplio y puro de uno de los elementos más importantes para comprender la maquinaria del Estado, es lectura obligada por la claridad en las ideas y en el contenido del propio libro. Estas reflexiones me surgen como abogado en un momento relevante y sin duda trascendente para la vida política del País por lo que acontece en Michoacán, y  todas las auto-hipótesisde una entelequia simplista que nos hablan de “narco–estado” o “narco política” como si la definición de Estado y Política permitiera antítesis hipotéticas que nos lleven a las teorías del delito.Y en ese sentido, todo mexicano que se aprecie de hablar de política teje y desteje sobre Michoacán con una facilidad que le permite juzgar y encontrar culpables como si el tejido social desquebrajado en México  hubiera empezado ayer, donde por cierto, nada abona las imprudentes declaraciones del ex secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont al tema de la seguridad en el País. Lo que pasó en Michoacán sin duda,  es la degradación del poder por quien lo debió haber ejercido, que provocó,  citando a Naím: “la aparición de grupos criminales, terroristas y otros que atentan contra la seguridad ciudadana…”Sin duda en el estado de Michoacán, el poder  se degradó y se puso en manos de la delincuencia organizada donde coexistió según  grabaciones recientes, un gobernador de derecho y dos de hecho que gobernaron la tierra de J. Múgica, Lázaro Cárdenas y Melchor Ocampo con un despropósito tal, que permitieron “micropoderes” donde ahora resulta que todos lo sabían y lo dijeron. Sólo falta que aparezca la Tuta para despegar esta gran parálisis del poder y comparezca  ante las autoridades, para  reconocer, el fin del poder de los criminales que tanto daño han hecho a este México, y a mi bendita tierra. 


ckarmona@yahoo.com.mx