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Los estudiantes como factor de cambio

La semana pasada dediqué este espacio a reflexionar sobre los hechos de Ayotzinapa, desde la perspectiva de la obligación del Estado de salvaguardar la integridad física de sus ciudadanos. En esta ocasión abordaré la importancia de la forma en que actúan los estudiantes para crear o modificar las políticas públicas y la vida política del país.Desde 1968, los estudiantes en México (y en el mundo si recordamos el movimiento en Francia) conocen el impacto que tienen su movilización y participación en la vida política del país; desde cambiar el trato represor del gobierno (Tlatelolco), incidir sobre las políticas de la Máxima Casa de Estudios (Huelga de 1999), hasta incidir en el resultado de un proceso electoral exponiendo el lado más vulnerable de la carta más fuerte (#YoSoy132).Hoy la coyuntura nos remite nuevamente a la movilización estudiantil. Con la desaparición de los maestros normalistas de Guerrero, el uso desmedido de la fuerza en Tlatlaya, y los cambios propuestos en los estatutos del Politécnico Nacional, los estudiantes tienen mucho qué decir, pero también mucho que hacer. Es por eso que recientemente se han sumado jóvenes de diferentes casas de estudio y estados de la República a exigir la resolución del caso de los normalistas desaparecidos y de las demandas de los inconformes del politécnico; algunos manifestándose de forma pacífica, ejerciendo plenamente sus derechos, mientras que otros han incurrido en el uso de la violencia, tal y como sucedió en el Palacio de Gobierno de Guerrero. Sí, en mi última colaboración dije que debemos alzar la voz. Sin embargo, esto no significa hacer uso de la violencia, ni contra el Estado propio ni contra los mismos ciudadanos, en el afán de ser escuchados. Es, por tanto, que los estudiantes, esos jóvenes con el poder de cambiar el mundo con sus ideas, capacidad de organización y de movilización, tienen la responsabilidad de no incurrir en las mismas faltas de las que acusan al Estado: la impunidad, el uso injustificado de la violencia, el atropello de los derechos de los demás.Sirva, la coyuntura para recordarnos que los jóvenes son el presente y el futuro del país. Su frescura, ideas innovadoras, sociabilidad y talento los convierten en agentes de cambio, pero, ¿incidirán haciendo uso de sus derechos y obligaciones, mismas que contempla nuestra Carta Magna, o usarán la fuerza y la violencia para hacerse escuchar? La legitimidad de sus demandas va ligada a la legitimidad de los medios que emplean para exigir que se cumplan. En ese sentido recordando a Gandhi: “Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.” 


ckarmona@yahoo.com.mx