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Quiero ser pobre y ateo

“La cocaína es la forma que tiene Dios de comunicar que estás ganando demasiado dinero”, comentó el recién fallecido Robin Williams en tono de broma, sin embargo broma o no,  lo que es cierto es que artistas de la talla de Williams, por cierto,  uno de mis preferidos actores desde la Sociedad de los Poetas muertos, hace gran sentido la frase  en una sociedad consumista donde acceder a las drogas pareciera es parte de un statu quo.Las adicciones son sin duda la respuesta a un sin número de necesidades provocadas por muchos aspectos que sólo los expertos en adicciones podrían responder, no obstante, cada  drogadicto tendrá sus respuestas al consumo que lo vuelve dependiente. Decía Benito Juárez que el respeto al derecho ajeno es la paz, sin embargo,  estamos inmersos en una sociedad consumista donde los valores, la ética, la moral,  las costumbres, y todo aquello que refleje un estado de paz y tranquilidad, producto de la alegría como  respuesta de momentos felices, luchan contra lo vulgar, lo efímero, lo fugaz producto muchas veces de la tristeza que provoca la depresión. Así, el coctel entre la depresión y la adicción produce una respuesta letal que puede provocar la autodestrucción por el placer.  En estos días, llegó a mis manos el libro “La conquista de la Voluntad”, del psiquiatra Enrique Rojas en el cual, potencia dos ideas centrales en su texto: la motivación y la ilusión por la vida, y en ese sentido estoy convencido que como sociedad  estamos fallando. El psiquiatra apunta con atinado razonamiento: “Gilles Lipovetsky dice que estamos en la era del vacío;Daniel Bell la diagnostica como etapa de rebelión contra todos los estilos de vida reinantes; DuyDebord, la define como la sociedad del espectáculo, donde se produce una discusión vacía y los medios de comunicación insisten en seguir sin decir ni transmitir nada. Por último  otro pensador contemporáneo, Hans Magnus Erneberger dice que estamos en la mediocridad de un nuevo analfabetismo”.En días pasados la pedagoga Julia Scherer escribía en un artículo que la educación integral tenía que encontrar eco en la educación emocional, pues educar, según Pitágoras era “templar el alma”, y en ese sentido los esfuerzos de la SEP van encaminados a eso, o al menos a reforzar las bases en aquellos métodos que no desatienden a la ética y la moral dentro de un secularismo transformador.  La tarea  estará en conciliar una formación laica y gratuita desde lo público, para que más allá del dogmatismo religioso, converjan los valores morales y éticos que liberales y dogmáticos practican: respeto a la vida, justicia e igualdad social, donde nuestro poder adquisitivo aumente y podamos acceder a todos nuestros sanos gustos sensoriales, al grado tal, que podamos acceder a todo, salvo a las sustancias que Williams se refería en tono de broma, aunque su Dios sea demasiado bondadoso con nosotros. Y  si así lo es, por única ocasión quiero ser pobre y ateo. 


ckarmona@yahoo.com.mx