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Manifestaciones, Estado y uso legítimo de la fuerza

La coyuntura por la que atraviesa nuestro país se antoja complicada. Violaciones a derechos humanos, desaparecidos, anarquistas, encapuchados, incendios provocados, movilizaciones, balazos en territorio autónomo… Las cosas no están fáciles para las autoridades.Ante esta realidad cabe preguntarse dos cosas. Primero ¿cuándo debe hacer uso de la fuerza el Estado? Y segundo, ¿cuándo se acaba la libertad de expresión y comienza la comisión de delitos?Para comprender estas preguntas, refiero a usted, amable lector, al incidente que se llevó a cabo en CU, donde agentes que investigaban el robo de un celular ingresaron al campus y tras una confrontación con estudiantes accionaron un arma de fuego que hirió a un estudiante. Lo primero es ¿por qué repeler a los agentes? La autonomía concedida a la UNAM en 1929 no le brinda extraterritorialidad, es decir, aunque autónoma sigue siendo parte de nuestro país y en ella debe de imperar el Estado de Derecho. Por consiguiente, corresponde a las autoridades intervenir para garantizar la seguridad de quienes ahí estudian cuando sea necesario.En segundo lugar, vale la pena detenerse en la otra cara de la moneda. Si bien los agentes fueron agredidos, un principio general para la preservación de los derechos humanos es el uso proporcional de la fuerza: ningún agente debería disparar contra alguien que no lo agrede con la misma fuerza o lo pone en el mismo peligro. El lunes pasado, BGC y Excélsior publicaron una encuesta en la que el público afirmaba que el gobierno no debía caer en provocaciones y debería enfrentar a los manifestantes hasta donde sea posible para no caer en provocaciones (61% mostró esta postura) más que intervenir rápidamente con la fuerza pública para aplacarlas. ¿Pero qué hay de aquellos casos en los que se viola la ley flagrantemente? ¿Qué pasa con los encapuchados que quemaron las puertas del Palacio Nacional? ¿Qué pasa con quienes quemaron una estación de Metrobús? ¿El Estado no debe actuar para no caer en confrontaciones?La ley y el Estado de Derecho no deberían, pues, estar maniatadas por la coyuntura. No entrar en confrontaciones hasta qué punto, preguntaría yo al público y si me lo permite, también le cuestionaría quién lo decide y dónde está ese punto. ¿No debería de aplicar el Estado la ley y el uso de la fuerza sin distinciones producidas por la coyuntura?El ciudadano debe ejercer sus derechos, manifestarse y mostrar su inconformidad, sin violar las leyes. Nosotros como ciudadanos tenemos la obligación de exigir cuentas al Estado y demandarle que nos proteja. Que si usa la fuerza contra nosotros no sea de forma desproporcional y que se ejerza protegiendo los Derechos Humanos. Tlatlaya no se puede repetir. La violencia y el uso de la fuerza es el último recurso y personajes como Gandhi nos han mostrado que se puede hacer toda una revolución sin disparar un solo tiro. 


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