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Diputados negociando: ¿A cambio de qué?

Hoy hace exactamente dos años escribía en este espacio: “Nuestro País se ha convertido en el mayor consumidor de refrescos en el mundo, rebasando a Estados Unidos con un  consumo mayor de 163 litros por persona al año.

México rebasa en un 40 % a nuestro país vecino, y eso, es para dar pena. Hemos deformado tanto nuestros hábitos alimenticios, que no hay país que nos gane en primerísimos lugares en obesidad y sobrepeso…” En aquel 2013 el Presidente Peña Nieto rescató una medida importante que la organización mundial de la salud sigue recomendando a los países que tienen graves problemas de obesidad, gravar las bebidas azucaradas.

En ese 2013 vimos que por cada litro se imponía un peso como gravamen.  

Hace un año, nos decían que la medida había cumplido con su objetivo, pues  en el primer trimestre del año el consumo de refresco bajó 10 % y la compra de agua natural había crecido un  13% según  la Alianza para la Salud Alimentaria (ASA).La recaudación en 2014 según cifras oficiales estuvo alrededor de  12 mil 400 millones de pesos y para 2015 se calculó en más de 18 mil millones de pesos.

Recursos que sin duda,  fueron destinados a combatir la obesidad en un país que ocupa el primer lugar en obesidad infantil  y  segundo lugar en adultos.

Sí la Organización Mundial de la Salud y  la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han puntualizado que reducir el consumo en refrescos y bebidas azucaradas es una extraordinaria medida para combatir la obesidad gravando el producto azucarado para inhibir y recaudar,  mi pregunta es: ¿Cuál fue  la regresión de bajar ese gravamen?Reconozco el trabajo de la Senadora Marcela Torres Peimbert, una política que defiende en su agenda de manera puntual  el tema contra la obesidad, quien  aseguró que la medida aprobada fue producto de la presión de los cabilderos de las refresqueras. 

Si esto es cierto, los diputados  se han puesto del lado de las empresas refresqueras. El tema de la obesidad poco les importa, quizás,  porque son parte del problema. Quiero encontrar los  argumentos de peso para entender esta regresión.  

Quienes votaron por la medida de reducir el gravamen a las bebidas azucaradas quizás tengan información que muchos desconocemos pues la obesidad infantil se redujo, somos un país distinto en nuestros hábitos alimenticios y hemos cambiado el agua por el refresco.

Sí esto no se demuestra, quizás estaremos ante la presión y el chantaje de una negociación que me aterra pensar: ¿A cambio de qué? 


ckarmona@yahoo.com.mx