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Días Santos

La Semana Santa sin duda es la oportunidad para que los Católicos aspiremos a un periodo de reflexión en el cual, el espíritu Cristiano debe al menos hacernos caer en la cuenta que cerca de escenarios catastróficos del fin del mundo o el ocaso de los tiempos mayas,  estamos llamados  a responder a no pactar con la desgana y el desaliento de aquellos que piensan que todo está perdido y que el G-20 acabará con todo, que la religión poco le importa al mundo y a la política.
Estos días, donde todos, incluyendo a los ateos reciben los beneficios del calendario gregoriano,  nos abren la puerta para recordar la vida de Jesucristo desde una perspectiva diría yo, igualitaria a los tiempos de la injusticia y el desorden en los tiempos en que Pontius Pilatus gobernaba Judea.
Sin embargo, más allá de las injusticias y de la decadencia que hoy vivimos como sociedad, debemos pugnar porque la espiritualidad que invade por momentos nuestro pensamiento en estos días, sirva de un protagonismo que sume una mejor convivencia entre unos y otros, y donde el mal, sólo quede como anécdota de aquellos libros bíblicos donde se padecía la intransigencia de los hipócritas fariseos que traicionan antes de que el gallo cante.
Estoy convencido que la política, sin ese protagonismo cristiano, que podría ser budista o musulmán (refiriéndome a la carga espiritual), de nada sirve si se cae en un vacío de sentido que impide, ver en los ciudadanos, al semejante que hay que bridarle ayuda en un sentido de realización cuando este lo necesite.
Sin embargo, la política no lo puede hacer todo, está en nosotros como comunidad acercarnos en estas fechas, para retomar los valores primigenios en los cuales, se funda y constituye el pensamiento Cristiano, y el pensamiento social de la Iglesia que no es otro más que servir al prójimo y dar todo por él, es decir, que el Poder sirva a la gente como diría la otrora campaña política. Existe un prejuicio y un rechazo muy extendido que la religión Católica  ha dejado de funcionar como institución espiritual y que no es más que una casa de pederastas y de inútiles en un contexto globalizador apabullante. Sin embargo, más allá de las imperdonables fallas que el clero ha tenido en la iglesia Católica, la vocación de todos los cristianos es evolucionar a la crisis de falta de fe y de un sentido valorativo sobre la vida, pues de traidores, hay que recordar al mismo Judas.
Hago votos porque en estas fechas, donde se abre la oportunidad para la reflexión y el balance sea un momento propicio para replantear nuestra misión y función social, en un espacio donde a veces todo parece obscuro y gris y donde la fe, nos abre la oportunidad a que la esperanza debe mantenerse vida, en nuestra familia, sociedad, política, etc., días que pueden servir para replantear padecer la Cruz o Resucitar en un cambio transformador.


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