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Conmemorar la Constitución

Hace ciento cuatro años la Revolución Mexicana salía de una de sus etapas más violentas: el 22 de febrero se cumple un año más del asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, como colofón de lo que conocemos como la Decena trágica, uno de los momentos más tristes de nuestra historia, en febrero de 1913. La legítima aspiración del pueblo a un gobierno democrático y a una sociedad más justa que se manifestó en 1910, con el lema de “Sufragio efectivo, no reelección”, tenía sin embargo muy claro que el camino de las armas debía llevar rápidamente a un régimen basado en la ley, y por eso se hacía necesaria la legitimidad de una nueva Constitución.
No se empezaba de cero, pues en el siglo XIX, después de las guerras de Independencia y en especial gracias a la generación de la Reforma, se habían dado grandes pasos para plasmar en documentos fundadores la ley que debía regir a la nación. En 1914 los mexicanos estaban ya empeñados en no repetir el equivocado camino de la violencia. De los enunciados de Morelos en Los sentimientos de la nación hasta el pronunciamiento del Plan de San Luis se traza un recorrido en busca de la legitimidad y la legalidad entre 1810 y 1910.  
En ese año, ya en el siglo XX, Madero, al promulgar lo que conocemos como el Plan de San Luis y en el que, entre otras cosas señalaba que la Constitución no podía seguir siendo letra muerta, que había que respetarla y hacerla funcionar, indica el necesario camino de la legalidad. Madero declaraba en el Plan la vigencia de la Constitución vigente, la de 1857, y de las leyes emanadas de ella. Si llamaba a la armas era debido a la cerrazón e intolerancia del régimen de Porfirio Díaz, pero lo hacía con la conciencia de que se trataba, justamente, de hacer respetar las leyes, y que el camino de la legalidad y la justicia era el indicado. Llamaba pues a fundar de nuevo nuestro marco legal como nación.
Ayer,  celebramos el 97 aniversario de la Constitución de 1917. Es evidente que el proceso en 1914 ya se había puesto en marcha, que la perspectiva era llegar a ese documento rector. Venustiano Carranza, fue nombrado, en el Plan de Guadalupe, jefe del Ejército Constitucionalista. Obedeciendo al calificativo de constitucionalista Carranza convoca a la convención de Aguascalientes en ese mismo 1914. La Constitución de 1917 fue un documento muy bien pensado, en el que se empeñaron varias generaciones de mexicanos muy brillantes, y cuyas virtudes han sido puestas a prueba en el tiempo transcurrido desde su promulgación.
Inteligente y flexible nuestra Constitución ha permitido que se la reforme adecuándola a los nuevos contextos, sin perder su condición de documento rector, que legitima la pacífica convivencia entre los mexicanos gracias al respeto a las leyes que de ella emanan. México es un país moderno, y esa modernidad se apoya en la conciencia de su historia.


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