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“La Calle es de todos”

Los políticos sin duda siempre tienen ideas creativas para bautizar e imponer nombres un tanto demagógicos, novedosos o hasta graciosos para sus programas. Para llamar la atención de la ciudadanía, que al final de cuentas es  a quienes van dirigidas los programas. Así, cada político cual  progenitor da nombre a sus proyectos y políticas en su gobierno  como “Progresa” u “Oportunidades” por poner un ejemplo a nivel nacional o, “Gómez con Ganas” o “la Calle es de todos”,  de tal suerte, que hay que buscar el nombre aunque no haya progreso u oportunidades.El programa “La Calle es de todos”, me parece una copia mejorada de los conciertos, playas artificiales, pistas de hielo  y circos instalados en el Zócalo como una política cultural  y de sano esparcimiento para quienes no tienen acceso a espectáculos culturales de la  clase media, en el más puro y noble de los casos.Estoy convencido que la mejor política pública exitosa  en materia cultural, es aquella que llega al mayor número de ciudadanos, y más, cuando se trata de atender poblaciones en estado marginal o de pobreza extrema, sin embargo, la línea es demasiado delgada cuando las acciones se vuelven populistas, atendiendo a que la totalidad es el pueblo y la legitimidad del gobierno reside en el pueblo, no importa que impere de por medio dictaduras como en Cuba o Venezuela pues con que se cumpla el  objetivo de llegar a las mazas y a  los públicos inmensos buscan hasta llevar al Papa.En ese sentido, los programas culturales se pueden volver populistas si no llevan un sentido de orientación que genere formación de públicos, construcción de identidad y el principal para mí, la inclusión democrática sin distinción de partidos y de ideologías. No obstante, la tentación de  provocar reacciones  en  el ánimo del  espectador-ciudadano-elector, para fines electoreros en tiempos de campaña que hoy inician,  es casi seguro que se caiga en la tentación, y ante ello, sólo la prueba.La Calle es de todos, el cual está por finalizar en estos días impulsado por el Gobierno de Coahuila y el Ayuntamiento de Torreón en lo que se refiere a su programación,  refleja un programa ordenado, incluyente y diverso, sin embargo, me entra la inquietud de su impacto y evaluación del mismo, porque de los otros fines, sólo faltaría el Circo para que los laguneros de Torreón, estén  contentos, acompañados de un buen pan  de Durango al ritmo del orgullo de Cuencamé con su ya llegó el que andaba ausente. 


ckarmona@yahoo.com.mx