DE BUENA FUENTE

Y los vientos de cambio soplaron...

Fue un poco de todo. La oferta de la alternancia sedujo.

El candidato panista conectó. Hizo de los cuernos moda. El “de que se van, se van”, pegó. La frase “Ni me doblo, ni me vendo”, pasa a la historia. Gran efecto en términos de mercadotecnia política.

El candidato a caballo convenció. Los tamaulipecos se identificaron mejor con él. La gente ya no quería más PRI.

La otrora resistente estructura partidista, se vino abajo. El tricolor era un monstruo difícil de vencer, pero enfermo y desgastado. El octogenario no resistió.

Voto de castigo por el hartazgo ciudadano. Violencia, desempleo, corrupción. Familias incompletas.  Mucha gente lastimada. Un pueblo no escuchado. Soberbia oficial.

Indiferencia gubernamental.

Un deslinde que de tan tarde, tuvo un efecto contrario. El desmarque de Yarrington, Eugenio y Egidio solo sumó puntos a su adversario azul. Y nombrar a Francisco García Cabeza de Vaca en aquel discurso inédito, fue algo que jamás debió estar en el guión.

Los colaboradores de Baltazar debieron ayudarlo a hacer una campaña para ganar…pero le armaron una campaña para perder.

La anti-campaña incluyó: Darle popularidad al candidato panista a fuerza de arremeter contra él, en debates, redes sociales y cualquier espacio a su alcance. ¡10 años cometiendo el mismo error! de victimizar a Francisco.

Un manejo del tema Mainero, Villagrán e Hidalgo, que tampoco dejó buenos dividendos al tricolor.

Una denuncia penal basada en un foto montaje que puso al priismo tamaulipeco en el ridículo nacional.  Un secuestro del que muchos dudaron.

En suma, un ánimo anti-PRI que tocó fondo. Y se desbordó el rencor acumulado.

Baltazar Hinojosa no era el candidato de Manlio Fabio Beltrones. Tampoco fue la apuesta de Miguel Ángel Osorio Chong. Y el amigo de Enrique Peña Nieto, es Alejandro Guevara Cobos. Baltazar era el candidato de Luis Videgaray. El secretario de Hacienda se había salido con la suya al imponerlo.

Lo comentamos desde el 8 de abril pasado: “El proceso electoral del 5 de junio va más allá de una disputa por el estado. Entra al juego la sucesión presidencial del 2018”.

Aunado a ello, en las canchas locales la estela de inconformidades y agravios por las imposiciones de candidatos a alcaldes, se tradujo en una práctica de voto cruzado que terminó hundiendo al candidato tricolor.

La operación cicatriz no falló. La operación cicatriz no se hizo. Fue error tras error… Más allá de que si hubo o no traiciones, habría que hacer un análisis introspectivo sobre lo que no se hizo, o se dejó de hacer. Tanto adentro, como afuera, ahí están todas las respuestas. ¿Habrá faltado humildad y una voluntad real de sumar?

El saldo de una campaña panista exitosa, rebasó expectativas de propios y extraños. Lo dicho, el principal enemigo del PRI, era el propio PRI. Pero no supieron o no quisieron corregir lo necesario.

Y los vientos de cambio soplaron.

La alternancia en el ejercicio del poder es sana para todos.

Pero son los ciudadanos quienes deben ganar con ello.