DE BUENA FUENTE

Que regresen la plaza a los maderenses

Es miope la visión de que la Plaza Isauro Alfaro de Madero es un asunto jurídico entre particulares.

El tema no termina si Grupo Interacciones gana o pierde un amparo para que el municipio le pague lo que perdió al financiar la empresa de Fernando Cano.

Eso no resuelve nada. No regresa la plaza a los maderenses.

La Isauro Alfaro Otero es un bien público.

Un bien que debería estar al servicio de la ciudadanía y del comercio de Madero.

Es un bien del estado.

No debe perderse de vista eso.

Han pasado cuatro alcaldes y dos gobernadores hasta el momento y la plaza principal está parada.

No olvidemos lo que representa para cualquier ciudad su plaza central.

Ningún otro actor político se ha acercado para ayudar a resolver esto.

Ni el diputado local del distrito, Erasmo González. Ni la diputada federal Marcelina Orta.

Nadie ha levantado la mano para apoyar al municipio. Para que el centro de Madero vuelva a ser el mismo.

Esperemos que esto no esté reservado para, en la próxima elección a alcalde, volver a prometer arreglarlo.

No lo usen de bandera de campaña.

El director jurídico de Madero, con licencia, Magdiel Prieto, falta a la verdad al decir que la concesión tiene once años de haberse otorgado y que es de quince.

Que no se quiera apostar al vencimiento de la concesión para “resolverlo”.

La concesión se firmó en 2007, por el entonces alcalde Guadalupe González Galván.

Y se otorgó por dos periodos de quince años. Faltan al menos siete para que venza el primer periodo.

Haber sugerido que lo ideal era esperar a que se terminaran los tiempos, es un pronunciamiento preocupante que lo único que aporta es seguir empeorando el asunto.

El propio secretario del Trabajo y Asuntos Jurídicos y enlace territorial del gobernador, Rolando Guevara, mencionó que el gobierno estatal apoyaría en la solución del conflicto y que había interés en que se regresara la plaza a la ciudad.

Así debería ser.

Es un asunto de interés ciudadano que inexplicablemente se ha detenido en el tiempo.

La verdadera deuda, más que la de un particular con el banco, es la que los gobiernos local y estatal tienen aún con Madero y su población.

La ciudadanía se sigue doliendo de este abandono.