DE BUENA FUENTE

Tenía 16 años, toda una vida por delante

Tuvo que volver a derramarse sangre inocente, esta vez de un jovencito de 16 años, para que las autoridades voltearan a ver la colindancia del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz.

Solo así se acuerdan de esa área limítrofe que es parte de su responsabilidad como gobernantes; pero que sigue siendo, tristemente, tierra de nadie.

En un tractocamión conducido por su hermano, Jonathan Carmona, originario de Puebla, se desplazaba sobre la carretera Tampico-Valles; su consanguíneo se detuvo a comprar en una tienda de conveniencia de El Moralillo, mientras el menor se quedó esperándolo en la cabina.

En cuestión de minutos, el adolescente recibió al menos 10 puñaladas por delincuentes que intentaron asaltarlo. Se supo que su familiar solicitó auxilio de cuerpos de rescate, mas no fue escuchado. Lo trasladó al Seguro Social, pero no alcanzó a ser atendido. 

Las autoridades dicen lamentar los hechos. ¿Y qué ganan con eso quienes lloran al joven muerto?

A ningún gobernante, en ningún nivel, le ha interesado cuidar los límites del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz.

Quienes recorremos ese territorio sabemos que frente a las cámaras se dicen muchas cosas; pero en el ámbito real es una zona sin vigilancia.

Que solo se envían elementos de seguridad después de que ocurren hechos como el crimen del padre de la exdiputada Olga Sosa o la tragedia de la familia Gómez Monteverde; pero tras unos días, vuelve a ser la zona olvidada y desprotegida de siempre.

Recientemente, se anunció que las mesas ciudadanas de seguridad del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz se integrarían para contribuir a inhibir el delito de manera conjunta.

Se sigue esperando la Policía Interestatal que prometieron los gobernadores Francisco García Cabeza de Vaca y Miguel Yunes Linares (como la que se implementó en Nuevo León).

 También, en su momento, se anunció un C4 regional para cerrar el paso a la delincuencia que saca ventaja de nuestras fronteras.

Si un tema tienen en común ambos estados es la inseguridad. Pero ninguna autoridad, llámese federal, estatal o municipal, ha tenido la visión de proponer que usen los recursos del Fondo Metropolitano para este fin.

Se tienen riesgos en común; sin embargo, han preferido perder los recursos, que ponerse de acuerdo.

Se insiste: Las reglas de operación de este programa permiten invertir en infraestructura y equipamiento en sistemas de comunicación e información para la seguridad pública metropolitana.

El deceso del jovencito, casi un niño, pudo evitarse.

Un suceso estrujante que provoca dolor, tristeza, impotencia y enojo.  

Que no siga creciendo esta estadística mortal. Ni uno más.