Corredor Fronterizo

¿Y los riesgos medioambientales?

Tal parece que en el puerto de Matamoros importa más el desarrollo económico.

¿Qué tienen en común los actuales desarrollos de los puertos de Matamoros, Tamaulipas y Brownsville, Texas? Antes de responder quizá sea necesario recordar a quienes lean estas líneas que ambos se localizan en el área delta del río Bravo / Grande y el sistema de las dos lagunas Madre, uno a cada lado de la frontera México-Estados Unidos.

El primero, por enésima vez está en proceso de construcción; desde la invasión francesa en los años 1860 se ha propuesto una y otra vez dotar a Matamoros de un puerto en la laguna. Parece ser que ésta será la definitiva y, de cumplirse con los tiempos, a fines de este año debería estar concluida la primera fase. El segundo tiene en sus espaldas algunas décadas y ha ejercido de facto como puerto de Matamoros (y del Noreste mexicano). En estos momentos se está proyectando su ampliación, cuyo proceso administrativo está muy avanzando.

Regresando ahora a la pregunta inicial: uno y otro no se explicarían si no fuera por el crecimiento del mercado global energético y el desarrollo de las industrias extractivas en las cuencas de gas y petróleo Eagle Ford, en Texas, y Burgos, en el Noreste, más el Cinturón Plegado en el Golfo. El puerto de Matamoros está pensado para ser el apoyo terrestre para las plataformas marítimas de extracción de petróleo en aguas profundas. La ampliación del de Brownsville está dirigida a la instalación de plantas de licuefacción del gas natural procedente de Eagle Ford y su exportación vía marítima hacia el resto del mundo, especialmente Asia.

Ésta suele ser la única similitud que ven políticos, empresarios y cualquier persona que esté dispuesta a sacrificarlo todo por el crecimiento económico. Hay, además, una segunda similitud. Ambos proyectos afectan directamente a los espacios naturales protegidos.

El de Matamoros se está construyendo dentro del Área de Protección de Flora y Fauna (APFF) Laguna Madre y Delta del Río Bravo, un espacio natural protegido desde el 14 de abril de 2005, hace justamente diez años. A pesar de esta consideración jurídica, las obras se están realizando bajo el argumento de que el decreto que fijaba los límites del recinto portuario es de fecha anterior (de 1998 para ser precisos). A diferencia de aquél, el puerto de Brownsville no se halla dentro de un espacio protegido (porque se construyó antes, claro). Sin embargo, la terminal de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) se prevé construir en un punto que permite la conexión entre dos espacios protegidos, el Lower Rio Grande Valley National Wildlife Refuge en Boca Chica, al sur del canal de navegación, y el Laguna Atascosa National Wildlife Refuge, al norte del mismo. Este punto funciona, por ejemplo, como el principal corredor natural para el ocelote, una especie animal en peligro de extinción, cuyas últimas poblaciones en Estados Unidos habitan justamente allá.

Me gustaría señalar una tercera similitud, aunque, por desgracia, no existe. Ante las previsiones para el puerto de Brownsville y los riesgos medioambientales de la industria energética (no sólo para la fauna y flora, sino también para la salud humana derivada de la emisión de gases), grupos ecologistas del Valle han mostrado su oposición. Cinco grupos, entre los que destaca el Lower Rio Grande Valley Sierra Club, se han unido bajo la coalición “SaveRGVfromLNG” con el objetivo de informar a la población sobre los riesgos.

¿Y qué hay de Matamoros? Ni las dependencias responsables informan adecuadamente de los riesgos ni la población parece preocuparse por ellos. Deben pensar que lo que realmente importa es el desarrollo económico (de unos pocos, claro) y que lo demás son minucias.

XAVIER OLIVERAS GONZÁLEZ

Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte