Corredor Fronterizo

“No nos queremos ir”

Los dos recientes naufragios ocurridos en el Mediterráneo, donde se calcula que perdieron la vida alrededor de mil 300 migrantes, son muestra de los peligros a los que se exponen miles de personas que se ven obligadas a salir de sus países por la violencia, la pobreza o la privación de sus derechos humanos. 

México no es un país ajeno a esta realidad, nuestra colindancia con Estados Unidos y Guatemala, la cercanía con El Salvador y Honduras, así como las asimetrías existentes con la nación del norte hacen del nuestro un país de origen, destino y tránsito de migrantes. Cada día en diversas ciudades mexicanas, agentes del Instituto Nacional de Migración detectan, detienen y remiten a estaciones migratorias a un número significativo de mujeres y hombres, adultos y menores de edad procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador para su posterior devolución. En 2014, la autoridad migratoria presentó 118 mil 446 eventos de personas procedentes de estos tres países, cifra que representa un promedio de 325 detenciones diarias y 93.2% del total de las detenciones realizadas por las autoridades migratorias. En este grupo se encuentran 22 mil 519 eventos de niñas, niños y adolescentes que al igual que los migrantes que perecieron en el Mediterráneo salieron de sus países huyendo de la violencia, en búsqueda de empleo para superar la pobreza o con el deseo de reunificarse con sus familiares.

Para las personas migrantes centroamericanas el trayecto más riesgoso del viaje a Estados Unidos es el tránsito por México, para muestra basta revisar el Informe Especial sobre Secuestros de Migrantes en México de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde estima que de abril a septiembre de 2010, hubo 11 mil 333 víctimas de secuestros de migrantes de un total de 214 eventos o recordar la masacre ocurrida en San Fernando, Tamaulipas, donde murieron 72 migrantes. Cifras del Instituto Nacional de Migración solicitadas vía transparencia, indican que del 1 de enero al 8 de mayo de 2014 fueron rescatados en diversos operativos 146 migrantes secuestrados, la mayoría procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador, dato que sugiere que diariamente al menos un migrante es secuestrado.

Las tragedias ocurridas a los migrantes son reflejo de la poca solidaridad que tenemos para con los más vulnerables. La migración de las y los centroamericanos no se trata de un viaje emprendido por placer, ni en condiciones de comodidad. Se trata de hombres, mujeres, niños y niñas que motivados por el deseo de un futuro mejor han dejado a sus seres queridos, su país, sus escasas pertenencias y están dispuestos a contraer deudas para poder emigrar, perder lo que les queda, arriesgarse y exponer sus vidas en el camino.

“Si usted viera cómo está este país, tal vez no nos queremos ir, pero la neta es que no soportamos la pobreza”, me comentaba Raúl, un adolescente hondureño que fue extorsionado durante su trayecto, logró llegar a Nuevo Laredo, esperaba ser devuelto por la autoridad migratoria y reconsideraba volver a migrar.

Poco podemos hacer por las y los migrantes que se dirigen a Europa, pero mucho por los connacionales y extranjeros que quieren llegar a Estados Unidos cruzando por nuestro país, proporcionarles un tránsito seguro y digno es una primera acción. En palabras de Sergio, un adolescente de Honduras, “los Presidentes de otros países no tienen por qué arreglar los problemas de mi país, pero sí pueden darnos permiso para pasar y trabajar”. Prácticas de voluntad y compromiso que podrían ser una muestra del genuino interés por favorecer a los miles de hombres, mujeres, niños y niñas que cada año arriesgan sus vidas en su trayecto por México.

GABRIELA ZAMORA CARMONA

Profesor-Investigador del Colegio de la Frontera Norte