Corredor Fronterizo

La pobreza democrática de México

Seguimos votando por candidatos o partidos que han sido acusados de corruptos.

La pobreza no abarca sólo la ausencia de satisfactores para alimentarse, vestirse y tener un lugar donde vivir, sino también se extiende a otros aspectos, como la carencia de educación cívica, es decir, de la forma de elegir a nuestros gobernantes, de obligarlos a rendir cuentas y sobre todo a sancionarlos cuando no hacen bien su trabajo. Como país estamos sumidos en la pobreza democrática tanto como gobernantes como gobernados.

Tenemos unos pobres políticos, no económicamente porque algunos podrían contabilizarse entre los más ricos del país, sino pobres en su formación política y vocación de servicio. Estos políticos van de puesto en puesto en todos los niveles y muchas veces sin importar el color del partido, viviendo décadas del erario público, sin haber hecho una contribución importante para el beneficio de sus electores. También son pobres porque sólo se acercan a los ciudadanos cuando solicitan su voto, desapareciendo una vez que obtienen el cargo, olvidando su obligación cívica de rendir cuentas a los que lo eligieron. Son pobres, dado su incapacidad para posicionar las demandas ciudadanas ante los designios partidistas, olvidando que se han convertido en representantes de una ciudadanía y no sólo de los simpatizantes de su partido. Pero sobre todo son pobres porque asocian el cargo al poder, al beneficio personal, olvidándose que son servidores de los ciudadanos y no empleados de grupos económicos o políticos.

Ahora bien, al olvidar la vinculación con el pueblo, los políticos no sólo demuestran su pobreza política, sino que renuncian a la protección y al cobijo de los electores, dando paso al miedo, al temor, renunciando al acercamiento de la gente común y corriente. Lejos están los tiempos en que el Presidente, los gobernadores y los diputados llegaban a convivir con la ciudadanía. Hoy se blindan, se tienden enormes cercos de protección, que afectan e incomodan, en lugar de alegrar, a los habitantes de los espacios que visitan. El ciudadano común difícilmente se acercará a ese representante y la percepción de ajeno y extraño a él se acentuará, y más aún, en espacios con profunda inseguridad, como nuestras ciudades del noreste, estas acciones le sirven para cuestionar la veracidad de sus discursos, por ejemplo: ¿Por qué se blindan cuando nos visitan? ¿Por qué no caminan 5 minutos nuestras ciudades sin guardaespaldas, como lo hacemos nosotros diariamente?

Para concluir, un pobre político también se sostiene en un electorado pobre. Como ciudadanos, los mexicanos nos conducimos pobremente porque carecemos de un sentido común para elegir a gente proba y honesta; seguimos votando por candidatos o partidos que han sido acusados de corruptos, de vínculos con la ilegalidad; porque votamos por la persona y no por un programa político integral, porque nos dejamos guiar por las opiniones de los medios de comunicación, porque no nos tomamos un minuto para ir a escuchar lo que dicen, porque no los cuestionamos en sus campañas, porque sólo vamos por el regalo que dan o el grupo musical que traen, porque no valoramos la importancia del voto.

Para alejarnos de la pobreza cívica debemos sacudirnos de la apatía y el pesimismo de que este país no tiene solución, que todo va a seguir igual. Lo invito a que este 7 de junio vote por quien lo convenza con su discurso, sea crítico al escuchar, valore que es posible, y qué no es posible, sancione al que no le cumplió y al candidato que una vez electo desaparece, y una vez que usted haya votado, no deje de ser ciudadano, dé seguimiento a esos políticos que eligió, pues es a partir de esta participación comprometida como podemos cambiar al país y sacarlo de la pobreza democrática.

CIRILA QUINTERO RAMÍREZ

Profesora-investigadora de El Colegio de la Frontera Norte