Corredor Fronterizo

Los paqueteros en México

En México, el trabajador puede recibir diferentes formas de pago por sus servicios aparte del salario y las ganancias propias de un trabajador por su cuenta. Hay trabajadores que solamente viven de las comisiones obtenidas por la cantidad de ventas realizadas de un producto en específico. Otros reciben honorarios por sus actividades laborales. Hay quienes no obtienen ningún pago por sus servicios. En este escrito hablaré sobre aquellos que reciben solamente la propina como forma de ingreso monetario. A nivel nacional se pueden estimar en aproximadamente 600 mil, que representan al 1% de la población ocupada. En estos miles no están contemplados los que reciben una propina como complemento al salario, sino solamente a aquellos que viven de lo que los clientes o consumidores les proporcionan voluntariamente.

El cuestionamiento a esta forma de pago surge cuando este tipo de trabajador realiza sus actividades en el seno de un establecimiento formal como el supermercado, por mencionar un claro ejemplo. Me refiero al caso clásico de los paqueteros en México. Regularmente este es un espacio del trabajo infantil y últimamente ciertos supermercados junto con los gobiernos estatales (es el caso del Gobierno del Estado de Nuevo León) han establecido convenios para darles empleo a las personas mayores de 60 años. Claramente estos trabajadores realizan actividades propias del servicio del establecimiento, ya que empaquetan la mercancía, usan las bolsas del mismo supermercado para empaquetar, acomodan los carritos dispersos en el estacionamiento, están sometidos a una disciplina propia del lugar con castigos si no se adecuan a ella, etcétera. Y resulta que quienes les pagamos a los paqueteros somos los clientes y no la empresa.

Algunos pueden comentar que la propina es voluntaria, pero ¿se vería bien que alguien se negara a cooperar con la actividad de un paquetero, niño o de más de 70 años? En general hemos sido educados para ayudar a nuestro prójimo, sobre todo si son niños o adultos mayores, así que nos sentimos obligados a dejarles una propina. Este aspecto cultural es bien aprovechado por los empresarios, que reciben un gran servicio gratis financiado por los paqueteros y por los clientes. Mientras tanto, la empresa exige trabajo a los paqueteros, pero no les proporciona ningún ingreso ni prestaciones.

Esto no quiere decir que los paqueteros no estén felices por la existencia de este sistema. Puede ser que ellos agradezcan por la posibilidad de obtener ingresos, y así poder a ayudar a la familia que, regularmente con las crisis económicas recurrentes, cada vez más, tienen que requerir del trabajo de más miembros de la familia y no solamente del padre. Ahora tienen que involucrarse los niños y los abuelos en el trabajo extradoméstico para poder pagar de perdido los recibos de la luz, el agua, el teléfono, etcétera. Claramente estamos ante un caso en que los beneficios percibidos pueden ser personales, pero de seguro no son sociales.

MARIO ALBERTO JURADO MONTELONGO

Profesor-Investigador de el Colegio de la Frontera Norte