Corredor Fronterizo

El muro, el boicot y la campaña

Una de las leyes del movimiento descritas por Newton, la tercera en concreto, reza que toda acción tiene una reacción igual y opuesta. Probablemente sea la que ha tenido mayor difusión popular, quizá porque suena bien, y aunque está pensada para la física se puede aplicar para comprender las sociedades humanas. Vayamos a ver un ejemplo.

Empecemos con una acción. Como es sabido por todos, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, prometió durante la campaña electoral la construcción de un muro en la frontera con México, y que además debía pagar este país. A fines de enero de este año, es decir poco después de asumir la presidencia, firmó la orden ejecutiva que debe llevar a su consecución, aunque por el momento no ha obtenido los apoyos necesarios para que así sea. De hecho, una de sus últimas ocurrencias para obtenerlos ha sido la propuesta de cubrir el muro con paneles solares, para así embellecerlo (hacerlo menos visible) y obtener ingresos por la energía producida con los que financiar su construcción.

Las reacciones, como se suele decir, no se hicieron esperar. Inmediatamente después de la firma de la orden ejecutiva, en México empezaron a difundirse por las redes sociales y los medios de comunicación llamadas a boicotear el consumo de productos estadunidenses y de empresas de capital estadunidense. En la región fronteriza, donde son habituales las compras al “otro lado”, ello derivó en mensajes a no cruzar o, al menos, a no comprar. Un caso cercano fue el boicot al shopping en McAllen, Texas, difundido en ciudades como Reynosa y Monterrey, conocidas por su habitual McAlleo. Durante y después del primer fin de semana de estar el boicot en efecto, algunos medios mostraron imágenes de tiendas vacías, lo que constituía para los antimuro una prueba fehaciente del rechazo a la pretensión de Estados Unidos. Hubo medios que, faltando a toda ética, informaron falsedades, como una supuesta declaración de la Cámara de Comercio de McAllen de que las ventas se habían desplomado.

Independientemente de si el boicot mexicano tuvo o no éxito en la reducción de las compras, lo cierto es que generó una reacción también inmediata desde McAllen y otras ciudades fronterizas. Por un lado, preocupación por los efectos que podía tener en el sector comercial, la economía de la región y para el gobierno local. Téngase en cuenta que una parte importante de los ingresos de la ciudad de McAllen proceden directamente de los impuestos a estas actividades. Por el otro, minimización del éxito: así, explicaron que la reducción de las compras se debía más a la disparidad entre el peso y el dólar, y al temor de los compradores mexicanos al endurecimiento de las revisiones en las garitas, que no al boicot. No voy a negar que estos factores intervinieron, pero su evaluación queda para otra ocasión.

Pronto la reacción de las ciudades fronterizas de Estados Unidos se convirtió en acción. Continuando con el ejemplo de McAllen, para contrarrestar el mal gusto que dejó el boicot y para animar de nuevo a México a comprar al otro lado, puso en marcha la campaña “Amigos Always”, de tono mucho más friendly que el muro y la renegociación del Tratado de Libre Comercio. Entre las actividades ya realizadas y previstas se encuentra la celebración de un McAllen Day en Ciudad de México el próximo 11 de julio.

Llegados a este punto, no sé cuál será la reacción futura de los consumidores mexicanos, pero dudo que sea igual y opuesta, como dicta la ley. Más bien parece que, por el momento, se ha pasado de la indignación inicial y que todo ha regresado a la casilla anterior. Pero eso no es posible…

Xavier Oliveras González

Profesor-Investigador de el Colegio de la Frontera Norte-Matamoros