Corredor Fronterizo

¿Son los migrantes agentes económicos de cambio?

La migración internacional y sus beneficios para el país de origen han sido el centro de atención de políticas gubernamentales de México hacia su diáspora. Las iniciativas de los clubes sociales como los de la Federación de Zacatecanos en California fueron el inicio de lo que el ex presidente Fox institucionalizara bajo el programa del 3x1. Las remesas financieras en conjunto con programas de inversión pública para el mejoramiento de sus comunidades de origen fueron entonces una promesa de desarrollo, incluso inhibidor de la migración. A pesar de su disminución, el envío de remesas fue de cerca de 22 mil 500 millones de dólares en 2012, un monto mayor al de la Inversión Extranjera Directa.

A partir de este hecho, México fue el ejemplo recurrente en debates internacionales sobre su fórmula para el desarrollo económico con la aportación de nuestros migrantes, cuya mayoría se encuentra en Estados Unidos. Sin embargo, factores como los niveles de inseguridad que estamos viviendo, la política migratoria de Estados Unidos y la misma política de Estado hacia nuestros paisanos en Estados Unidos reflejan un panorama negativo para el desarrollo de las comunidades de origen de los migrantes.

Sin embargo, cuando hablamos de migrantes internacionales pensamos sólo en aquellos que viajan en la Bestia y que son víctimas de innumerables atropellos contra su condición humana. Dentro de esta población tendríamos que hablar también de aquellos nacionales con altas calificaciones que buscan mejores horizontes, debido a la inseguridad económica y laboral en nuestro país.

Asimismo, están nuestros empresarios y sus familias que han sido extorsionados en años recientes y que abandonan este país (calculan el arribo de 100 mil mexicanos en San Antonio en los últimos tres años provenientes de Monterrey, en su mayoría) y víctimas que buscan asilo en EU (9 mil 206 solicitudes en 2012); nuestros paisanos que año con año regresan en su temporada de vacaciones para estar con la familia (casi 2 millones de personas de visita anualmente) y son portadores de remesas no sólo financieras, sino también sociales y culturales; nuestros mexicanos repatriados que esperan reintegrarse con sus familias en sus comunidades (369 mil 492 repatriados en 2012) y lo mismo nuestros transmigrantes centroamericanos que buscando el sueño americano terminan residiendo en México (63 mil 426 retenidos por el INM). Si queremos que los migrantes internacionales sean un agente de desarrollo, México debe ofrecer las condiciones estructurales y dar la garantía de seguridad pública para todos; nacionales y extranjeros.

El capital humano y financiero que ingresa o retorna a México son factores productivos y los que no podemos retener son pérdidas para nuestra economía, no son válvula de escape como muchas veces ha sido considerada la migración por el Estado mexicano.

Josefina Pérez

El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey