Corredor Fronterizo

¿Es el matrimonio un refugio frente al VIH?

Según estimaciones realizadas por el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSida), las mujeres conforman casi el 50% de quienes viven con VIH/Sida a nivel mundial. En México, la proporción de casos notificados de VIH/ Sida es de cuatro hombres por cada mujer. Sin embargo, durante el periodo de 1990 al 2013, el número de mujeres adultas que viven con VIH se ha incrementado más de seis veces, al crecer de 6 mil a 37 mil mujeres, de las cuales, siete de cada diez que vive con el virus del VIH lo adquirieron de sus parejas formales, es decir, estando casadas.

En la actualidad, en México, se mantiene la creencia de que la propagación de la epidemia de VIH en las mujeres ocurre más probablemente entre trabajadoras sexuales y en personas que se inyectan droga. Si bien en principio esto es verdad, tal afirmación se convierte en estigma cuando se piensa que estos grupos de mujeres son los únicos que pueden ser infectados. Quedarse anclada en esta afirmación impide notar la progresiva tasa de infección entre personas que pertenecen a grupos seguros, llámese así a las mujeres heterosexuales casadas.

Para la mayoría de las mujeres casadas que sólo han tenido un compañero sexual (sus esposos), las relaciones sexuales protegidas son innecesarias dentro de un estado de vida conyugal estable que supone la existencia de un compromiso mutuo de fidelidad que garantizaría inmunidad frente al VIH. Esta creencia no es privativa de México, sino que fundamenta las prácticas de amplios sectores de mujeres en el mundo, y desde esa mirada se tacharía por frívola a una mujer que quisiera negociar el uso del condón o demandar fidelidad en pareja.

Me comentaba Claudia (casada, profesionista, de 56 años de edad): “Si mi esposo tuvo relaciones sexuales antes de casarnos y se infectó del VIH, sí tendría relaciones sexuales con él, porque lo amo, porque es mi esposo; pero si se infectó estando casados, no, porque me fue infiel, jamás tendría relaciones con él”. Las palabras de Claudia me hacen pensar que el matrimonio está intrínsecamente ligado a una expectativa no hablada de fidelidad, confianza y compromiso de por vida, haciendo que la sexualidad se edifique sobre la idea de un amor romántico que propicia la falta de conciencia de riesgo ¿Será tiempo de empezar a cuestionar si el matrimonio es realmente un refugio frente al VIH?

Aún hay mucho que hacer respecto a las mujeres casadas y el VIH, sobre todo si se busca dar soluciones desde una perspectiva de género y de derechos humanos. Tal vez el ideal de prevención sería que existan programas en donde se privilegie la participación activa de las mujeres y de los hombres, ya sea en forma conjunta o por separado, destacando aspectos acerca de conocimiento sobre riesgo, comunicación, negociación y relaciones de género.

El ideal sigue siendo, según Geeta Rao Gupta (Nacida en India, y líder en cuestiones de Género, asuntos de la Mujer y VIH/Sida): “Liberar a hombres y mujeres de normas de género destructivas y dar poder a las mujeres para cuidarse y participar en la toma de decisiones, no significa quitar el poder a los hombres, sino quitarles una falsa idea de poder que incrementa la vulnerabilidad de ambos”. Este es el mensaje que hay que transmitir sin pretextos, ni condiciones.

DORA JULIA ONOFRE RODRÍGUEZ

Investigadora invitada del Colegio de la Frontera Norte
Profesora invitada de la DGRNE-Colef y Profesora de la MEP-Colef