Corredor Fronterizo

La industria cementera mexicana de ayer y hoy

Casi todos conocemos el cemento, digo casi porque los niños todavía no tienen conciencia sobre sus grandes beneficios para la sobrevivencia humana. Sin él todavía viviríamos en casas de madera y lodo. Mucha de la infraestructura que nos permite comunicarnos con rapidez y resguardar nuestras cosechas y maquinaria, tampoco existiera sin el cemento.

En este artículo hago un resumen de la industria cementera mexicana e intento colocarla en el contexto de la economía internacional reciente con bajas tasas de crecimiento y exportaciones. Por si no lo saben, esta industria durante toda la época de creciente intervención del Estado en la economía que se prolongó hasta finales del sexenio de Carlos Salinas de Gortari se componía por muchas empresas.

La concentración de la industria es un resultado de la competencia y la imposibilidad de las cementeras pequeñas de hacerle frente a los ciclos económicos, que se hicieron pronunciados con las crisis de 1982, 1995 y 2009, propiciando secuelas de estancamiento, deudas millonarias en dólares y bajas cotizaciones de las acciones de las compañías. Las liberalizaciones, las crisis, junto con la alta composición del capital de estas empresas, crearon el ambiente para que las más solventes compraran las empresas en quiebra.

Cementos Mexicanos (Cemex), empresa pionera en México creció durante esa época hasta controlar cerca del 50% del mercado nacional. Cemex también se expandió en el resto del mundo y por varios años tuvo el lugar número tres después de Lafarge y Holcim de origen francés y suizo respectivamente. En México, la concentración de la industria formó un oligopolio de seis empresas compuesta por Cemex, Holcim-Apasco, Cementos Cruz Azul, Cementos Moctezuma, Cementos Chihuahua y Lafarge.

Mucho se ha escrito acerca del precio del cemento en México y la conclusión es que es más caro que el resto del mundo por prácticas colusivas. Para las empresas cementeras mexicanas, la autoconstrucción hace crecer el precio por ventas al menudeo; para muchos analistas, esta estructura de mercado le ha dado a Cemex el financiamiento para expandirse al resto del mundo. Las empresas cementeras son muy competitivas y realizan prácticas hostiles para controlar los mercados, que nos hacer recordar al barco griego Mary Nour, bloqueado por Cemex al intentar desembarcar 26 mil toneladas de cemento ruso en el puerto de Altamira en 2004.

El año 2004 es el punto de inflexión en la industria cementera mexicana, porque "el ocaso" del Mary Nour puso a prueba la liberalización del comercio que tanto habían pregonado los líderes políticos y porque su tasa de crecimiento fue del 5%. Desde entonces y hasta ahora, la industria cementera sigue produciendo poco más 35 millones de toneladas de cemento, con un consumo per cápita de alrededor de 300 kilogramos, muy por abajo de países como España, Estados Unidos, entre otros.

La creciente competencia entre las grandes corporaciones, que vino a compaginar la industria cementera China, colocó a Cemex en el séptimo lugar en el ranking mundial; la fusión de Lafarge y Holcim recientemente, junto con la presencia de Carlos Slim en el mercado cementero, movieron el mercado con la creación cementos fortaleza, que significa un gran reto en términos de inversión y control del mercado interno para Cemex. Su enorme deuda cercana a 17 mil 170 millones de dólares frente a una economía mundial que no crece, hacen difícil que las exportaciones propicien la recuperación para esta industria. Por sus altos costos de transporte, es mejor producir cerca del consumidor final, que significa fusiones y adquisiciones difíciles de financiar en tiempos de recesión internacional.


Salvador Corrales C.
Profesor investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey