Corredor Fronterizo

O feas, o tontas

En el ámbito político, el género femenino es sometido a juicios que menosprecian su capacidad.

En el marco del Día Internacional de la Mujer –que nos recuerda que aún no hay un país en el mundo en donde se haya alcanzado la equidad de género– me llama la atención una frase que ha sido adjudicada a Hillary Clinton, quien de momento es probable candidata a la presidencia de Estados Unidos y anteriormente se desempeñó como secretaria de Estado de su país. La reproduzco a continuación:

“Puedes no estar de acuerdo con una mujer, pero al criticarla por su apariencia –en contraste a criticarla por sus ideas o acciones– no le estás haciendo un favor a nadie, sobre todo a ti mismo. Insultar la apariencia de una mujer cuando no tiene nada que ver con el tema que se está tratando implica una falta de comprensión de tu parte, una falta de habilidad para tener una discusión inteligente. Tú puedes pensar que ella es fea, pero el resto del mundo piensa que eres un idiota”.

En realidad, esta frase fue acuñada por una bloguera estadunidense Erin Ryan, quien indignada ante el debate mediático en torno a la apariencia de la entonces secretaria de Estado, ponía en evidencia el tratamiento sexista hacia Clinton. Destacaba que a las políticas se les insulta y se les califica de “feas” si se está en desacuerdo con ellas, y si por casualidad se piensa que son “guapas”, entonces se les tacha de “tontas”. Peor aún, no faltan las personas que con el ánimo de demostrar su apoyo salen en defensa de su apariencia, como si de una cuestión de honor se tratara.

Lo pernicioso de las valoraciones estéticas, particularmente en el ámbito de lo político, toma otro color cuando el análisis se traslada a México. En el contexto mexicano, los límites entre la clase política y el mundo de la farándula se desdibujan cada día más. La combinación entre el poder de la política y la imagen de la farándula parece convertirse en la fórmula ganadora entre el electorado mexicano: las parejas compuestas por políticos y actrices, cantantes o conductoras, están a la orden del día. Así fue como –de manera indirecta– se eligió la imagen de una “bella” gaviota que en menos de dos años se convirtió en una “tonta” prestanombres.

En el caso de Nuevo León, la candidata a la gubernatura Ivonne Álvarez es propensa a ser sometida a valoraciones de esta índole, pues la imagen que proyectó como animadora de televisión fue uno de los temas centrales de la precampaña y aún resuena en las redes sociales. Tan malo es descalificar a Álvarez por la imagen que dejó en los televidentes por su trabajo en Gruperísimo, como lo es apoyarla por la misma razón. Déjeme ser clara, la comparación que hago entre estas mujeres se limita a dos cosas concretas: están en la esfera pública y sus acciones e ideas son juzgadas con base en lo que proyectaron en su momento en los medios. Sin embargo, el argumento en torno a la necesidad de dejar de lado las valoraciones estéticas y de concentrar el debate en el ámbito de las ideas, propuestas y acciones, se mantiene independientemente de las filias o las fobias que la ciudadanía pueda tener. No se trata simplemente de evitar que el mundo piense que somos “idiotas”, se trata de elegir personas capaces en un país carente de una clase política preparada y con la voluntad de trabajar por el bienestar común.

El que se exija que las mujeres no sean juzgadas por su imagen, no quiere decir que se abogue por un sexismo benevolente (¡es que es el sexo débil!), por el contario, se trata de exigir que nuestras ideas y nuestras acciones sean debatidas y evaluadas en su justo contexto. La honradez, la capacidad y la inteligencia nada tienen que ver con nuestra fisonomía o elección de vestimenta.

MELISSA LEY CERVANTES

Cátedra Conacyt, El Colegio de la Frontera Norte