Corredor Fronterizo

Energías renovables en la frontera norte

En algún momento dejaremos de consumir hidrocarburos, no por regulaciones ambientales, sino por su elevado costo de producción. Utilizar energías renovables no responderá al llamado de una conciencia ecológica, será una necesidad, teniendo en cuenta, además, que quemar carbón y construir centrales nucleares (fisión) no será una solución a largo plazo, también por los rendimientos decrecientes. La fusión nuclear sigue en etapa experimental.

Desde hace varios años se sabe que México es un país con un gran potencial solar. Sin embargo, en general se desconoce que la viabilidad de las otras fuentes renovables de energía (geotermia, viento, biomasa, olas, mareas, corrientes de agua) es limitada y en algunas regiones nula.

En el noroeste ya se aprovecha el calor del subsuelo existente en Cerro Prieto.

Se puede utilizar la energía eólica para dar electricidad a las ciudades de Baja California, Reynosa y Matamoros, aunque temporalmente, es decir, no hay vientos con velocidad suficiente todo el año.

Si bien se pueden utilizar los residuos agrícolas (Tamaulipas) y la leña de bosques o plantaciones forestales (Baja California, Sonora, Coahuila), para su aprovechamiento se debe calcular su tasa de retorno energético, es decir, si la energía que puede obtenerse es considerablemente mayor a la energía que se requiere para generar el recurso. Otra limitante es el agua.

Tijuana, Rosarito y Ensenada podrían utilizar la energía de las olas (olamotriz) costa afuera, pero esto depende del desarrollo de la tecnología.

El caudal de agua ya se usa (presa de La Amistad, Coahuila) o se considera (Tecate, proyecto pequeño).

De esta manera, la solar es la única fuente de energía con gran potencial en toda la frontera norte. De hecho, las ciudades de Puerto Peñasco, Caborca, Nogales, Ciudad Juárez, Piedras Negras, Sabinas y Nuevo Laredo sólo cuentan con ella. Deberemos añadir a esta lista a Tijuana, Rosarito y Ensenada en caso de que no se desarrolle la energía olamotriz. Los casos de Tijuana, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo son particularmente complicados por su número de habitantes.

Ahora bien, bajo una perspectiva urbanística, el desafío no sólo es la instalación de centrales solares fotovoltaicas y térmicas en o cerca de los centros urbanos en zonas libres de riesgos (deslizamientos de tierra, inundaciones) y que afecten lo menos posible áreas protegidas, sino lograr que las localidades sean energéticamente eficientes y demanden menos energía. Algunas alternativas requieren inversión en tecnología (trenes), otras no (construcción de banquetas y ciclovías, diseño con criterios bioclimáticos). La pregunta que surge es si las ciudades fronterizas tienen recursos humanos e instituciones para implementar la transición energética. La educación es un factor.

Sólo la zona metropolitana de Tijuana-Rosarito-Tecate, Mexicali y Ciudad Juárez cuentan con programas de licenciatura y posgrado que pueden enfocarse en gestionar un urbanismo energético, como los relacionados con arquitectura, planeación urbana y uso del suelo, energías renovables, eficiencia y ahorro de energía, metabolismo urbano (agua, materiales, residuos, alimentos) y temas complementarios para la instrumentación del modelo, como economía, derecho, administración pública y planeación. Las ciudades pequeñas (Puerto Peñasco, Caborca, Agua Prieta, Ciudad Acuña, Sabinas y Valle Hermoso) no tienen programas o cuentan con un número muy bajo. Otro problema es que los estados de Sonora, Coahuila y Tamaulipas carecen, en general, de suficientes programas en estas áreas. De hecho, ninguna institución educativa de la frontera norte tiene un programa de ingeniería en transporte. ¿Caminamos hacia el futuro o nos encontrará en un embotellamiento, a oscuras?

Armando Páez García

Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Matamoros