Corredor Fronterizo

Bajo advertencia no hay engaño

Trump ha puesto algunas cartas sobre la mesa. Su discurso ha sido desde el inicio de su campaña consistente y reiterado en temas clave como comercio exterior, seguridad y migración, pero hasta el día de hoy ha habido poca claridad respecto a las formas, los tiempos y los márgenes de negociación que podrían tener lugar entre su gobierno y los interlocutores nacionales e internacionales. Esta información incompleta está generando a nivel mundial incertidumbre y especulación en torno a los posibles escenarios y las respectivas estrategias para enfrentarlos, sabiendo de antemano que sus promesas atentan contra los intereses de muchos. Por si fuera poco, tampoco se sabe con certeza si la manera de “hacer política” del empresario se fundamenta en un pensamiento táctico o si responde a una lógica improvisada y caprichosa emanada de la nula experiencia que tiene como hombre de Estado. Sea una u otra cosa, él goza de un poder moderadamente restringido y el mundo está advertido.

En medio de esta nebulosa atmósfera, México es uno de los países que recibirá con mayor impacto los cambios propuestos por Trump. Por un lado, la intensa interdependencia económica que mantenemos con Estados Unidos y, por otro, la débil capacidad negociadora del gobierno mexicano nos coloca por el momento en una situación de doble vulnerabilidad. Sobre el primer asunto, ya algunos líderes de opinión han sugerido que el proteccionismo de Trump podría beneficiar a México si nos decidimos a girar nuestra mirada hacia otros socios comerciales, sobre todo Latinoamérica y si paralelamente aumentamos la inversión y el consumo de productos fabricados internamente. En el segundo asunto se encuentra la mayor disyuntiva. Peña Nieto ha declarado que el gobierno mexicano no tendrá una actitud sumisa frente a Estados Unidos, sin embargo, la incongruencia que lo ha caracterizado en estos cuatro largos años nos ha enseñado que sus mensajes adquieren una connotación totalmente opuesta en la práctica; en el mismo tenor, ¿qué podemos esperar de un canciller que durante su toma de protesta declara sin mayor tapujo no tener la mínima experiencia en el manejo de las relaciones diplomáticas internacionales?

En el tema migratorio y las deportaciones, el problema no se resuelve diversificando los países de destino, como en el comercio exterior. La interdependencia con Estados Unidos, originada en la tradicional oferta y demanda de fuerza de trabajo barata desde hace mucho tiempo, trascendió su carácter meramente económico. La posible deportación de millones de migrantes mexicanos no sólo involucra el desafío de proveer empleo y servicios públicos a los connacionales en México, significa también la pretensión ilógica dar marcha atrás a un proceso de reunificación familiar cuya conformación ha tomado décadas y, al mismo tiempo, ignora la fecundidad de los migrantes mexicanos en EU. Por ello, la promesa de Trump de deportar y construir un muro es una salida fácil y brutal a una situación compleja y humana; es además absurda cuando la historia se ha encargado de demostrar que en todo caso limita la migración, pero no la frena. Los mexicanos siguen siendo la minoría más grande en Estados Unidos, a pesar del muro ya construido y a pesar de las deportaciones masivas ocurridas durante la administración Bush y Obama. No por ello el gobierno mexicano deja de tener la enorme responsabilidad de poner mano firme en su política migratoria para proteger los derechos humanos tanto de los mexicanos que residen en EU, como de los que eventualmente regresen de manera “voluntaria” o forzada a México.

Yetzi Rosales Martínez

Profesora e investigadora de El Colegio de la Frontera Norte