Corredor Fronterizo

La democratización de la cultura

La bronca para los "broncos" es entender que la cultura es transversal a la vida cotidiana.

¿Es posible y pertinente democratizar las políticas culturales? Los procesos creativos deben ser apoyados, pero no dirigidos. La dirección excesiva coarta la creatividad y excluye la diversidad.

Las instituciones que administran los recursos del sector cultural deben recordar una y otra vez que la cultura no es solamente aquello que se representa a través de las disciplinas artísticas. Aunque esto parece elemental, en la práctica institucional observamos ese manejo restrictivo. Otra pata chueca del sector cultural es la polarización entre la alta cultura y la cultura popular (circunscrito al folclorismo). Por estas y otras razones las instituciones deben ser de lo más plural en su composición. Limitarnos a la representación de gremios artísticos es reproducir la hegemonía ilustrada. 

La bronca para los broncos es entender que la cultura es transversal a la vida cotidiana, a la vez que identifica a las colectividades consigo mismas es también fuente de imaginación para inventar nuevas realidades. Y, hablando de nuevas realidades, Monterrey se caracteriza por reconocer tardíamente la aparición de nuevos grupos, movimientos y expresiones culturales: ambientalismo, diversidad sexual, movilidad urbana alternativa, presencia de una migración étnica, son  ingredientes del cambio social y cultural entre las sombras regiomontanas.

Distinguidos promotores culturales, hasta cierto punto independientes, han levantado la mano para conducir el sector cultural del estado. Es buena seña porque refleja la oportunidad de nuevos rumbos en la administración del sector en un escenario con posibilidades de cambios radicales. También debo indicar que en algunos casos de estos alzados se aprecia un discurso paternalista: ofrecen atender a los que “no van a los teatros, a los museos, a los que no leen…”.  ¿Y qué de los que sí van y sí leen? El tema no es que todos vayan o dejen de ir. Hay dos puntos nodales: 1) la centralización (lo que hace más costoso por el transporte, además de la entrada al recinto); 2) la oferta limitada. Mientras las exposiciones sigan orientadas a una clase media homogeneizada, por más facilidades de transporte y días de entrada gratuita, los resultados serán los de siempre.     

Basta con escarbar un poco para identificar y entender que en las periferias de la metrópoli y del estado hay infinidad de expresiones culturales y artísticas que deben ser reconocidas como parte de la diversidad de Nuevo León y, por supuesto apoyadas para su difusión.

Ejemplos los hay a manos llenas. Por los anime, niños y jóvenes han incursionado en el aprendizaje y práctica del dibujo y algunos términos del idioma japonés. Esto de manera autodidacta. Estoy hablando de asentamientos de bajos recursos. De la misma manera encontramos grupos musicales que han aprendido sin ayuda institucional.

¿Y la tercera edad? Generalmente nos quedamos con los sectores que representan mayor “consumo cultural” y mayor rentabilidad política. Olvidamos a los que no se pueden mover, a los que ya no protestan. En la ancianidad, donde una de las principales limitaciones es la movilidad tanto por la edad biológica como por la falta de un transporte y banquetas decentes, el radio de movimiento es la casa y a lo más algunas calles cercanas. El televisor es de las pocas distracciones. Un ejemplo más de las posibilidades de actuación –no asistencialista– es el espacio seguro, cercano y vivaz que representan para ellos los tianguis. De aquí es posible desprender proyectos y actividades focalizadas para este grupo de edad. Y así podemos seguir describiendo cualidades, potencialidades, por estrato socioeconómico, por condición sexual, por etnicidad. Pluralidad y diversidad con claves.

A diferencia de algunos artistas desacoplados de la sociedad, hay actores que trabajan codo a codo con las diferentes comunidades de este diverso estado: la(o)s profesore(a)s de educación artística, bibliotecari(a)os promotora(e)s de colonias, colectivos y organizaciones de la sociedad civil. De éstos casi ignorados se puede aprender mucho y deben estar en un sistema cultural incluyente.

CAMILO CONTRERAS

El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey