Corredor Fronterizo

“Sí, somos mierda, y qué”

En estas fronteras todavía me topo con personas que nos tachan con el caduco mote de desierto cultural. Tal vez buscan aquí expresiones autóctonas sobresalientes, según sus propias expectativas, o al menos culturas marginales destacadas que, con alguna muy singular costumbre, les permitan descubrir con gran claridad algo “distintivo”, “peculiar”, lo “otro”. Encuentran, como en el resto del mundo globalizado, multitudes que disfrutan más de películas de Jackie Chan que de Woody Allen, pero a eso lo llaman “falta de cultura”. No hablemos de lo que dirían si nos pillan paseando en un mall y saboreando cheetos. De ser su opinión un asunto que me preocupase, les advertiría que abundan aquí también manifestaciones populares e incluso elitistas muy bien acabadas. Pero temo que nuestros temas notorios de violencia, pobreza, el narco, el hibridismo, es decir, lo pocho, del, en resumen, “somos mierda”, herirían su “buen gusto”; es más, los equipararían a algunos hechos horribles que ciertamente sufrimos y que, aquí entre nos, superan nuestras peores ficciones.

Pero a mí no me desanima el “somos mierda” porque, como dije, se nos ofrece en expresiones bien acabadas que por su riqueza permiten varias lecturas. Aquí ofrezco tres.

Con una lectura podríamos concluir que el “somos mierda” es totalmente afirmativo, que si lo dicen es porque la mierda les gusta y la disfrutan, como parece que ocurre en muchos corridos de narcos y en otras manifestaciones de violencia. Con ellas, se cree, grupos mafiosos afianzan y promueven su identidad. Podría ser también, pienso yo, que quienes no son mafiosos opten por estas manifestaciones porque las alternativas sobreabundan en edulcorantes con los que hasta se te pican los dientes. Que así fuese no lo llamaría conformarse con lo menos malo. La opción elegida no deja de tener sus tintes positivos, como cuando a los bebos se les quiere poner a jugar con muñecas y les place mejor utilizarlas como proyectil: “no soy tierno sino temible”, parecen exclamar.

Con una segunda lectura consideraríamos el “somos mierda” como denuncia y esfuerzo para crear conciencia sobre nuestras lacras sociales. Así mucha de nuestra literatura exhibiría la violencia y las miserias para invitarnos a ponerles un alto y construir un mundo mejor. Si bien el “somos mierda” se yergue entonces en buena literatura no por ser prédica social sino por estar bien escrita, la mera prédica social ya es, por supuesto, cultura.

Pero hablaba de expresiones bien acabadas, y las considero así sobre todo porque permiten esta tercera lectura: el escandalizar, es más, el ponerle la raya a aquel que arruga la nariz y nos moteja como desierto cultural, sin siquiera conocernos. Entonces lo que se nos dice es “sí, somos mierda, y qué”, sin la intención de negarlo o afirmarlo, sino con la meta de reírse del visitante que quiere hacer depender nuestra autoestima fronteriza de lo que él diga. Por tanto, el neolaredense Jorge Eduardo Álvarez escribe:

“Sobrevivir le era inconcebible de otro modo en una ciudad fronteriza como aquella, donde la siguiente esquina podía contarle la historia de un niño que acuchilló a su hermano para comer su cerebro y saborear de ahí los resquicios de N-dopanodrofil que le permitieran continuar un fútil sueño”.

Jesús de León-Serratos a su vez nos dice que una vez termina Nuevo León empieza Tamaulipas, territorio de los malditos, para contarnos una historia plena de humor negro. Y Gerardo Sifuentes revive la picaresca española presentándonos, en Piensa en frío, a un sicario como un personaje moralmente superior a las gentes bien.

Arturo Zárate Ruiz

Profesor Investigador de El Colegio de la Frontera Norte Matamoros