Corredor Fronterizo

Más de cultura del agua

Machacar sobre la importancia de la cultura del agua pareciera una necedad, sobre todo cuando en general no tenemos datos de los impactos generados por las políticas creadas para ello, las de los Programas de Cultura del Agua (PCA) y las implementadas por las instituciones que gestionan y manejan el recurso en las ciudades. Me refiero, a su efecto, en el cambio de actitudes de derroche y desperdicio de este recurso natural por el de acciones en pro de su cuidado ambiental. Pero en esto de acciones de derroche y, de una falta de cultura del agua por parte de la sociedad, opiniones que escuchamos en el diario vivir, nos falta mucho camino por recorrer: el observar y documentar las diferencias de los diversos grupos sociales en su relación y actuación con los recursos como el agua.

Tal vez un buen inicio sería por comenzar a entender ese cambio en los niños y jóvenes a los que principalmente están dirigidos los PCA. En una ocasión me comentaba una persona del organismo del agua en Nuevo Laredo, que los niños son los mejores aliados para el cuidado ambiental porque todo lo absorben –son como una esponja– y también influyen en los adultos para que éstos igual lo cuiden. Al respecto, tal vez alguno de ustedes ha escuchado de su hijo o hija cierta frase como esta: “¡Papá, no tires el agua!”.

Es cierto que las campañas vía los medios de comunicación han contribuido en gran parte en la información y conocimiento de la sociedad sobre temas como de la cultura del agua, su cuidado y conservación. Aunque ellas por sí mismas no necesariamente conducen a que la gente haga usos pro ambientales del líquido. Así, es válido reiterar sobre la necesidad de entender las diferencias en la sociedad en su relación con los recursos hídricos, además de contemplar el contexto geográfico en donde ella hace uso de dichos recursos. Por ejemplo, en la frontera norte del país cuyas características desérticas repercute en menores disponibilidades de agua, o el sureste que cuenta con más cantidad de líquido.

Otros recordatorios. Cierta ocasión me comentaba una profesora de educación superior que ella había entendido el valor del agua –y cuidarla– en Monterrey cuando se la racionaban, por su escasez, y sólo tenía el líquido en determinadas horas al día. En otro escenario, y en otro momento, en San Luis Potosí, una trabajadora de intendencia me comentaba que en su casa, la familia antes de bañarse acaparaba en tinas el agua fría de la regadera para después usarla en otros usos de la casa. Aquí también rememoro una experiencia personal observada en Saltillo: en el sector de la ciudad donde hace un buen tiempo yo radicaba, la gente se levantaba a las cinco o seis de la madrugada para acaparar agua en las tinas para el uso del diario vivir. En Nuevo Laredo, no recuerdo ese tipo de eventos. ¡Qué ventaja tener el río Bravo a unos metros! Así, en esto de la cultura del agua, debemos explorarla mucho más.

JESÚS FRAUSTO ORTEGA

El Colegio de la Frontera Norte en Nuevo Laredo