Corredor Fronterizo

Transporte y vialidad: herencias al próximo gobierno

En los cuatro primeros años de la actual administración estatal y de acuerdo a cifras de Conapo, el área metropolitana de Monterrey (AMM) incrementó su población en poco menos del 6%. En dicho periodo, el mismo Gobierno Federal reporta que se agregaron a la circulación poco más de 230 mil automóviles en los 12 municipios que la conforman.

Lo anterior da una idea del explosivo crecimiento que acusa el uso del automóvil y los problemas que representa para las instancias responsables de la planeación de la vialidad en el AMM. Las obras viales que se emprendieron a raíz de los efectos del huracán Alex en 2010, y que aún no concluyen, dieron pauta al proyecto insignia que buscó no únicamente rehabilitar las vialidades dañadas por el fenómeno, sino buscar soluciones inmediatas de circulación y capacidad dentro del actual sistema vial urbano.

Sin embargo, es un proceso conocido en la planeación del transporte urbano que la creación y ampliación de vialidades termina generando a la larga más tráfico vehicular, cuando dichas acciones quedan al margen de lo previsto por los planes urbanos y de transporte a largo plazo, los que deben considerar las tendencias de crecimiento del AMM en este caso. Si esta inversión se concentra en vialidades de importancia central para el movimiento vehicular en toda el área metropolitana, los niveles de tráfico pueden exceder por mucho los cálculos preliminares.

En contraparte a la problemática del automóvil, la calidad del servicio de transporte público en el AMM continúa presentando deficiencias que no se explican en una metrópoli de la importancia de ésta, a pesar de que sus tarifas se encuentran entre las más altas del país.

Uno de los argumentos más reiterados entre las dependencias responsables de la planeación del transporte público en el AMM es el de aspirar a un servicio cuya calidad convenza a los automovilistas a dejar sus autos en casa. Esta es una premisa que se antoja imposible de lograr en estos momentos, considerando no sólo las características del servicio, sino las condiciones de crecimiento y diseño urbano del AMM.

Ante la situación actual, una alternativa es orientar los proyectos y las acciones para mejorar las condiciones en cada sistema. En el caso de la red vial es fundamental que exista por un lado una señalización adecuada, que incluya en la medida de lo posible la aplicación de nuevas tecnologías de monitoreo e información vial.

Por otro lado, la cultura vial y la observación de la reglamentación vigente son aspectos que no pueden desatenderse en ningún momento. En este sentido se hacen imprescindibles, por ejemplo, los controles que eviten la circulación de vehículos pesados en vialidades de mayor importancia, y la puesta en práctica de programas del tipo hoy no circula con restricciones adaptadas a las condiciones del AMM.

En lo que al transporte público se refiere, es necesario desarrollar una verdadera planeación coordinada entre autoridades y concesionarios que incluya información sobre las necesidades reales de los usuarios, incluyendo dos aspectos a los que se les ha dado poca o nula atención en el plano operativo: los usuarios con necesidades especiales y la perspectiva de género en el servicio. Nuevo León cuenta ya con un marco legal que sustenta este tipo de acciones, las que requieren de un trabajo de coordinación interinstitucional importante para su instrumentación.

Ciertamente, la presente administración deja avances importantes de los que dan fe las obras realizadas, pero la planeación del transporte y la vialidad para una metrópoli como ésta es un proceso continuo y complejo, cuya responsabilidad impondrá nuevos desafíos al próximo gobierno.

JOSÉ LUIS CASTRO

Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey