Corredor Fronterizo

Niñas, niños y riesgos migratorios en las fronteras de México

Recientemente, el gobierno de los Estados Unidos puso sobre la mesa el tema de la migración clandestina de niños y niñas a aquel país, específicamente de los y las centroamericanas, argumentando que se trataba de un problema social y, hasta cierto punto, de seguridad nacional. Más allá del debate político y social que se generó en la opinión pública, la migración clandestina de niños y niñas también implica centrar la mirada en los riesgos que viven al cruzar tanto la frontera norte como la sur.

Al respecto, el pasado 25 de agosto, en El Colegio de la Frontera Norte en Matamoros, Tamaulipas, se celebró un foro que abordó este tema. Se reunieron investigadores que dieron cuenta del conjunto de riesgos que viven las niñas y los niños en su travesía de países como Guatemala, Honduras y El Salvador a México, o bien de este último hacia el país del norte, poniendo en el centro los riesgos que viven.

Las y los especialistas coincidieron en tres cosas principalmente: primero, que los niños y las niñas migrantes, están expuestos a diferentes riesgos en tanto amenazas y peligros que los acechan dada su condición de vulnerabilidad; segundo, que no sólo los menores mexicanos viven riesgos al cruzar la frontera norte, sino también los centroamericanos al cruzar la frontera sur de México; y tercero, que se trata de un problema estructural con diferentes vertientes.

Los riesgos que viven las niñas y niños migrantes son de orden social, simbólico y natural. Entre los primeros están aquellos relacionados con el robo, la extorsión, e incluso el probable secuestro por parte de actores clandestinos de la migración o coyotes, pero también de grupos del crimen organizado, e incluso de algunas autoridades migratorias, aunque en menor medida. Y ello va tanto para los menores al cruzar la frontera sur de México, como la norte, señalaron los especialistas.

Los riesgos simbólicos, por otro lado, se relacionan con los efectos psicosociales que tienen las niñas y niños con la experiencia migratoria, principalmente traumas emocionales al vivir el miedo ante la incertidumbre, las amenazas, los acosos e incluso el encierro en casas de seguridad antes y después de cruzar la frontera norte. Y finalmente, los riesgos naturales a razón de ser picados o mordidos por algún animal, sufrir algún accidente, o bien morir ahogados al cruzar el Río Bravo.

¿Qué hacer? Recientemente, los presidentes Obama y Peña Nieto acordaron crear “políticas coordinadas” sobre la materia y hacer eficientes los controles migratorios en la frontera sur de México con Centroamérica. Sin embargo, se olvida que la idea no sólo es “atender el problema”, sino dar una vida digna a la niñez, especialmente de parte de México, quien hace tiempo ratificó, y por lo tanto, se obligó a hacer valer la Convención sobre los Derechos de Niños y Niñas. Hay que releerla y ponerse a trabajar, sólo eso.

Óscar Misael Hernández

Profesor-Investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Matamoros