Corredor Fronterizo

Juan Luis Sariego

Nació, gozó y sufrió en el seno de una familia ligada a la minería y a la siderurgia.

Supe de él en 1991 a través de su libro sobre los mineros de Cananea, Sonora, y Nueva Rosita, Coahuila; para mí, hasta ahora, el mejor estudio de la historia social de los mineros en México. Pasaron muchos años antes de que lo encontrara en carne y hueso. Mientras tanto, seguí sus pasos.

En el estudio referido, Sariego mostró cómo en los pueblos mineros el mundo laboral es central en la vida comunitaria. Entre la vida al interior de las minas y la vida cotidiana de la superficie no hay separación tajante, decía: “La historia social de los pueblos se gesta también en el ámbito de la reproducción de la fuerza de trabajo en donde el capital busca imponer condiciones propicias para que la clase obrera en tanto que consumidora de bienes y servicios, recupere su potencialidad productiva”.

A Sariego, como mejor lo conocíamos, no se le dificultó identificarse con los mineros pues nació, gozó y sufrió en el seno de una familia ligada a la minería y a la siderurgia entre Cantabria y Asturias en el norte de España. Llevaba el grisú en sus recuerdos. Realizó sus primeros estudios en Madrid, para luego continuar el posgrado en antropología en la Universidad Iberoamericana y en la Universidad Autónoma Metropolitana. Además de su interés en la cultura e historia minera impulsó los estudios sobre los pueblos indígenas del norte de México. Comprender el cambio social fue su motor.

Varias generaciones fueron afortunadas de tenerlo como profesor, conferencista y director de tesis. Su compromiso con la formación de nuevos profesionistas lo llevó a crear, junto con otros colegas, la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México (Chihuahua).    

Por fin lo conocí en Saltillo, unos meses después de la tragedia de Pasta de Conchos. Nos invitaron a él y a mí a la universidad a que platicáramos de la precariedad laboral de la Cuenca Carbonífera de Coahuila. Sariego, ya entrado en años, no perdía la oportunidad para regresar a las comunidades mineras. Sí, ya entrado en muchos más años que aquellos investigadores que se cansan del trabajo de campo, clavados en sus sillas preocupados por los indicadores de las evaluaciones.

Venía de vez en cuando a Monterrey. Un día de buenas a primeras lo encuentro tan campante en una banca de la calle Morelos. Antes del saludo, las carcajadas del sorpresivo encuentro ¿Qué haces en tu no-ciudad? Estaba aquí impartiendo algún curso a los amigos antropólogos. Uno se forma la imagen de estos maestros en el aula o en el auditorio, no en una banca de una calle peatonal. Pero no había duda: su gutural voz confirmó que era Juan Luis.

Pasta de Conchos no se olvida. El siguiente encuentro con él fue en Chihuahua, una alumna suya presentó la tesis de licenciatura sobre la movilización social para luchar contra el manejo dado por empresarios y gobernantes a la tragedia de Pasta de Conchos. El maestro Sariego continuó motivando a la juventud a profundizar en los problemas sociales del país.

La minería del carbón en la tierra natal de Sariego entró en crisis. La producción de este mineral terminará antes de 2020. La reconversión productiva no ha funcionado como se esperaba mientras las comunidades mineras viven en la incertidumbre y en permanente lucha para lograr acuerdos más justos. Mi paso por tierras asturianas la debo a la generosidad de sus recomendaciones. 

Por cierto, aquella ocasión Juan Luis estaba en la banca de la calle Morelos descansando mientras limpiaban su cuarto de hotel. Ahora descansa y contempla cómo lo recordaremos y le damos gracias por ampliar nuestros horizontes humanos y profesionales. 

CAMILO CONTRERAS DELGADO

Profesor-Investigador de El Colegio de la Frontera Norte en Monterrey