Corredor Fronterizo

Familia y violencia

Hoy día los recursos de que disponen las familias para el cuidado, crianza y educación de sus integrantes son cada vez menos. Durante décadas esta institución ha acumulado carencias y pérdida de derechos ofrecidos tradicionalmente por el Estado. Cada vez más las familias deben recurrir al mercado para acceder a los servicios llamados públicos: una consulta médica, la educación de los hijos, o incluso el cuidado de los mismos. Por otra parte, la familia vive un proceso de transformación en su estructura, su composición y su dinámica interna; de tal suerte que hoy es más común encontrar jefas y jefes de hogar sin pareja y con hijos a cargo de alguien más. Lo anterior también coincide con distintas expresiones de violencia en el contexto social y económico del país.

El caso de los menores involucrados en la muerte del niño Christopher, en Chihuahua, en semanas pasadas, ha centrado la atención en una pregunta: ¿quién o quiénes son los responsables de lo ocurrido? No hay respuesta sencilla, pero analizar a la familia como espacio inmediato de formación y cuidado de los hijos nos lleva a vislumbrar algunos indicios para su respuesta.

La familia es un espacio de pertenencia y transmisión de saberes, ahí se construyen identidades y sentido de ciudadanía. También es un modelo de interacción entre el individuo y su contexto macro-social, materializado en un modelo de distribución de los recursos y responsabilidades entre los agentes de la sociedad que buscan mayor bienestar.

El Estado mexicano tiene la responsabilidad de garantizar y vigilar derechos y obligaciones entre los miembros de la sociedad, en un ambiente de tranquilidad y oportunidades de desarrollo. El mercado, por su parte, actúa como entidad reguladora del trabajo productivo y remunera a las familias en el mercado de trabajo. La familia debe generar condiciones para la reproducción social y material de sus integrantes en el espacio privado o doméstico. En este sentido, desde el ámbito de la familia, cabe preguntar ¿cómo se contiene o propicia la violencia?

¿Con cuáles recursos cuenta para hacer frente al contexto de violencia que actualmente se vive en México? En los últimos años la familia ha tenido mayor necesidad de buscar alternativas para sustentar materialmente a sus integrantes; y en esa mediada ello ha contribuido a la omisión en la educación y atención de los hijos. Aumentar sus horas de trabajo, desarrollar más de una actividad económica, relegar la responsabilidad de los hijos en terceras personas, restar tiempo e interés a la transmisión de nociones de autoridad y a la formación de saberes cívicos, éticos y humanos en los hijos, son algunos aspectos preocupantes observados como déficit actual en la familia. Se construye así un círculo vicioso entre las omisiones y un contexto de violencia estructural cotidiano que permea todo, lo económico, social o cultural; y a todos, al Estado, el mercado y a la propia familia.

Christopher y los menores, niños y adolescentes, participantes en hechos de violencia, también son víctimas de ese contexto. El Estado y sus familias son responsables por el descuido en su tarea al procurar su crecimiento en un ambiente seguro, armónico y con opciones para su desarrollo.

En México, el modelo de desarrollo convirtió al mercado en proveedor fundamental de los elementos que procuran el bienestar de la familia y de la sociedad en general. La familia sobrepuso a las tareas de formación y crianza de los hijos la provisión y supervivencia material de sus miembros.

Sin embargo, la ausencia y omisión también propician violencia; por eso en este tema todos somos responsables.  

BLANCA VÁZQUEZ DELGADO
El Colegio de la Frontera Norte en Nuevo Laredo