Corredor Fronterizo

Elogio a la Coca-Cola

Elogiemos la Coca-Cola y demás almíbar industrializado que en México se les culpa aun de dizque nuestra fealdad. Aunque seamos vegetarianos y naturistas, la Coca-Cola y similares merecen nuestro elogio.

O al menos mi agradecimiento. Mire usted, cuando nacimos Roberto y yo, no pesábamos juntos ni tres kilos. Mamá no podía darnos leche, ni ningún alimento ordinario. Ni el agua podíamos ingerir. Pero nuestro pediatra no nos permitió morir. Le ordenó a mamá que nos diera Coca-Cola. Como el suero oral que se da a los diarreicos, esta bebida nos curó. Y aquí estamos dando lata todavía, lo que algunos burócratas podrían considerar una acusación adicional a la Coca-Cola.

Pero yo no soy un ingrato. Y le agradezco a las bebidas azucaradas no sólo mi caso de supervivencia, sino la de millones de mexicanos. Éstas han sido el suero oral que ha salvado sus vidas en zonas donde por años no han llegado los servicios de salud ni el agua potable. Junto con la comida chatarra, como los Gansitos y las Sabritas, ha sido el único alimento limpio para millones de compatriotas a quienes ni la higiene ni la educación de calidad les es todavía accesible, aunque lo presuma el Estado Nana.

 Cuando yo fui a la escuela no existían en ella ni servicios sanitarios limpios ni funcionales, ni bebederos de agua potable, un problema ni relegado a la historia ni a las zonas rurales. Todavía hoy es difícil encontrar en áreas citadinas escuelas públicas con buenos servicios sanitarios y agua susceptible de beber.

Si en las tienditas escolares no hay alimentos sanos, es así porque los únicos alimentos limpios que allí pueden ofrecerse vienen embotellados o en bolsita estéril. Los demás, los frescos, los sanos, no pueden someterse a las normas de higiene por carecer las escuelas de dicho servicio. Le tengo más confianza a una vilipendiada por nuestras autoridades bolsa de Doritos que a una elogiada jícama con limón y chile, la cual no sé en qué agua sucia se lavó.

Louis Pasteur nos enseñó a potabilizar y a pasteurizar los alimentos. Antes no sabíamos de los microbios que los contaminan. Pero sabíamos que el agua disponible producía diarrea y múltiples enfermedades, a tal punto que eran preferibles las bebidas alcohólicas por no estar contaminadas: lea usted las Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo. Lo saludable era beber vino, cerveza o aun licor, no el agua.

Por supuesto, no los servicios de agua potable, que no han llegado, sino la Coca-Cola que se puede comprar en el más remoto rincón es lo que ha permitido disminuir el alcoholismo en nuestro país. Hoy, tal vez volvamos a ser un pueblo alcohólico pues, por los impuestos a la abominable Coca-Cola, nos será más fácil comprar cerveza y vino baratos. Y aclaro: tampoco abomino las bebidas alcohólicas. Lo que abomino es al Estado Nana que busca chivos expiatorios para sus incompetencias.

Arturo Zárate Ruiz

Profesor-Investigador del Colegio de la Frontera Norte