Corredor Fronterizo

¿Por qué perdió el PRI en Tamaulipas?

El pasado 5 de julio se eligieron gobernador, diputados y presidentes municipales en Tamaulipas. El resultado más relevante fue la victoria del candidato del PAN como gobernador, el PRI después de un gobierno ininterrumpido por poco más de 80 años fue derrotado. La pregunta es: ¿Por qué? La respuesta es sencilla, por el hartazgo y descontento del electorado con los gobiernos que ha tenido, particularmente del último, que poco o nada hizo por la entidad, además de abandonar a los ciudadanos a su suerte. La derrota priista se venía anunciando desde las elecciones pasadas, pero el PRI no hizo nada por corregir su forma de gobernar y por el contrario la empeoró. En Tamaulipas campea la pobreza, la violencia, la inseguridad, pero sobre todo se ha enseñoreado la impunidad. El ciudadano vive en la indefensión, sin protección alguna. A pesar de esto, las autoridades permanecen sordas y ciegas a la realidad tamaulipeca. Los gobernantes, estatal y nacional, se empeñan en mencionar que la inseguridad se está controlando, que "no pasa nada" cuando la realidad los desmiente, dado que en el estado por seguridad se tiene que viajar en caravanas, escoltados por la policía, y los enfrentamientos son cotidianos.

Todo esto ha llevado al hartazgo, al cansancio, a la decisión de votar por otra opción, desde la percepción del ciudadano nada puede ser peor que lo que ahora se vive, aunque sí pueda haber cosas peores. Así pues, el electorado tamaulipeco no votó por el PAN, sino contra el PRI. Los votos de castigo suelen tener un doble filo. Primero, porque es un voto en donde se funde la desesperación y la confianza. Segundo, porque en el enojo no se analizan las opciones por las que se vota. Lo importante es quitar y librarse del mal gobierno, y esta decisión emotiva puede tener fuertes costos.

La campaña electoral en Tamaulipas me recordó tanto a la campaña presidencial del 2000, cuando lo más importante fue sacar al PRI del poder, sin analizar con detenimiento al gobernante que se estaba apoyando, en la reciente elección tamaulipeca pasó lo mismo. El miedo también estuvo presente. Los principales contendientes hablaban de que votar por el contrario podía empeorar las cosas y ofrecieron soluciones inverosímiles para terminar con la violencia como: "Capacitar a nuestros policías en Estados Unidos", como lo postuló el gobernador electo, partiendo de la idea de que EU tiene la mejor policía del mundo, lo que es por demás cuestionable. Finalmente, en la campaña predominaron las descalificaciones personales sobre la discusión de los grandes problemas de Tamaulipas, no escuché propuestas claras de políticas sociales, ni acciones para una mayor equidad.

La alternancia política en nuestro país no ha marcado grandes diferencias con los pasados gobiernos, y parece que la elección de independientes va por el mismo camino del desencanto. El problema es que los gobernantes no asimilan que ya no son militantes de un partido, sino gobernantes de toda una ciudadanía, en donde el color no es importante, sino gobernar para todos; además, estos nuevos gobernantes tarde o temprano repiten antiguos vicios: el autoritarismo, la corrupción, la impunidad, por lo que el desencanto ciudadano vuelve a surgir. En ese sentido estoy convencida que en la alternancia política no basta con "cobrarse la factura" contra el mal gobernante, como me expresó un sindicalista, sino darle marcaje personal al nuevo para que no sienta tentación de repetir las conductas de las que tanto estamos cansados y sobre todo para que cumpla lo que ofreció.

Cirila Quintero Ramírez