Corredor Fronterizo

Deseo de Navidad: que cada vez menos niñas y mujeres adquieran el VIH

Entre las festividades de fin de año celebradas por el director ejecutivo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/sida (ONUSida), Michel Sidibé, se hizo público el informe sobre el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) y declaró: “Las mujeres jóvenes se enfrentan a una amenaza triple. Se encuentran en riesgo elevado de contraer la infección por el VIH, tienen bajas tasas de pruebas del VIH y cumplimiento reducido del tratamiento. El mundo les está fallando y necesitamos urgentemente hacer más”. Esta aseveración que se refiere a los países africanos es hasta cierto punto extensiva para México, por eso en este último mes del año en que se acostumbra recapacitar sobre lo que nos dejó el año que termina es propicio reflexionar sobre la epidemia de VIH, a pesar de que a estas alturas ya no es un padecimiento directamente relacionado con la mortalidad, su tratamiento médico sí implica costos monetarios y de otra índole que bien podrían ser prevenibles.

Cuando se pretende conversar acerca del VIH sabemos que es difícil porque significa tocar el tema de sexualidad, de las relaciones de pareja, del uso de drogas y de la posibilidad de la muerte. Y hablar de estos temas suscita un sinfín de emociones en las personas, como incomodidad, vergüenza, falso pudor o temor a incentivar el interés sobre este tema.

Sin embargo, aunque parezca difícil, todos tenemos que esforzarnos para enfrentar el asunto y no seguir pensando que tener el VIH es “algo que le pasa a otros”, con esta posición lo único que se consigue es una falsa seguridad de sentirse “intocables”. Ya es tiempo de ir desechando ese tipo de pensamientos, ya que no sólo es negar los hechos, sino que es seguir fomentando la discriminación. Veamos las cifras emitidas por organismos internacionales como ONUSida, el informe señala que en todo el mundo había cerca de 2.3 millones de mujeres jóvenes y adolescentes que vivían con el VIH en 2015, lo cual equivale al 60% del total de la población de 15 a 24 años que vive con el VIH. Sin duda se necesita intensificar las campañas de prevención y orientarlas de tal manera que sean visibles, que sean entendibles para el común de la gente. Además, si todos enfrentáramos este tema de forma más empática, dejaríamos de hacer juicios que suelen rallar en la discriminación y, en cambio, mejoraríamos nuestras prácticas de cuidado.

Lo anterior me lleva a pensar que si realmente queremos que cada vez haya menos personas en general y menos niñas y mujeres en particular que adquieran el VIH, y que los pacientes que viven con éste tengan buena calidad de vida, entonces tenemos que dejar a un lado los prejuicios y cuestiones discriminatorias que son, incuestionablemente, impedimentos para la prevención.

De por sí, el VIH plantea cuestionamientos y retos para los que no siempre se tiene respuestas, y si además se le aúna que hay que cambiar opiniones, actitudes y prácticas en las personas, se torna una tarea un tanto difícil. Quizá el temor a lo desconocido, los valores, los prejuicios y las creencias presentes en las personas explican en gran medida las dificultades para cambiar.

Por ello, es de gran relevancia reflexionar sobre nuestras propias creencias y estar dispuestos a examinar esas cosas que siempre damos por hecho, es decir, cuestionar lo que habitualmente nos parece incuestionable.

Dora Julia Onofre Rodríguez

Investigadora invitada de El Colegio de la Frontera Norte