Corredor Fronterizo

Desarrollo urbano y vivienda en México, ¿dónde estamos y hacia dónde vamos?

Un dato duro que ilustra el desordenado crecimiento urbano periférico de las grandes ciudades en México en los últimos 30 años está en el documento La expansión de las ciudades, 1980-2010, publicado en 2011 por la Sedesol federal. Ahí se revela que el crecimiento físico de la ZM de Monterrey (ZMM) para 2010 había multiplicado cinco veces las hectáreas urbanizadas que tenía en 1980 y que en ese mismo lapso solamente había duplicado su población.

En las ciudades mexicanas, los planes de desarrollo urbano, estatales, metropolitanos y municipales se hicieron a un lado durante años y eran los cabildos quienes autorizaban conjuntos habitacionales aislados en la lejana periferia. Aunque en Nuevo León se reformó en 2009 la Ley de Desarrollo Urbano para obligar a cabildos y autoridades a respetar el plan de desarrollo urbano municipal aprobado, el problema es que dichos planes locales no cuadran en sus áreas de expansión con el Plan de Desarrollo Metropolitano vigente. El desorden, aunque moderado, continúa. Detrás de esto, las miopes políticas públicas federales de financiamiento a la construcción de vivienda social nueva en la periferia propiciaron además el abandono del tejido urbano existente de las metrópolis.

Así, en el caso de la ZMM mientras se construían “ciudades dormitorio” en medio del desierto, se dejaba morir el centro y las áreas antiguas por la inexistencia de políticas públicas de redensificación urbana, que implicó el nulo fomento a la inversión inmobiliaria en esas áreas. Se prejuzga mal negocio de corto plazo dar mantenimiento y reciclar la ciudad vieja –cada día con menos votos–, pues es menos fácil reurbanizar y redensificar usando inmuebles y baldíos con servicios y equipamientos.

Por ello, hasta la fecha han sido tibias las políticas públicas con créditos subsidiados para mejorar viviendas existentes; lo mismo pasa con normas y programas municipales para rescatar barrios, mejorar banquetas y arborizar espacios públicos. Urge menos miopía y más audacia para restaurar integralmente el tejido urbano y social de la ciudad actual.

Por fortuna hoy el Gobierno Federal, en coordinación con los gobiernos estatales y municipales, está intentando dar un giro de 180 grados en estos temas al amarrar las nuevas políticas públicas de vivienda con el desarrollo urbano y territorial. Para ver hacia dónde vamos, sugiero al lector conocer las nuevas políticas públicas para la ZMM y para todo el territorio estatal, en el ya vigente “Programa Estatal de Desarrollo Urbano Nuevo León 2030” (PRODU-NL 2030). Se trata de políticas públicas encaminadas hacia un desarrollo urbano y territorial más sustentable.

Sin embargo, falta que los alcaldes aterricen los mandatos del PRODU-NL en sus programas de desarrollo urbano, así como en reglamentos, normas y obras públicas congruentes. La tarea no será fácil.

Roberto García Ortega

Profesor-Investigador de el Colegio de la Frontera Norte