Corredor Fronterizo

Inquietudes fronterizas

En febrero de 2010, la violencia me sorprendió viviendo en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Recuerdo la fecha porque la primera balacera se desató mientras el rector de la máxima casa de estudios rendía su informe anual de trabajo.

Mi forma de vivir cambió drásticamente. Se esfumaron las ventajas de habitar en una ciudad pequeña, como la capital tamaulipeca: desplazarse tranquila y confiadamente en poco tiempo, a cualquier hora y a donde fuera.

Mi referente de la violencia hacia la población, por un lado, se limitaba a escuchar que en la frontera tamaulipeca eran comunes balaceras, bloqueos y asesinatos; esa realidad me resultaba muy lejana, pues sólo sabía que era el paso obligado para los victorenses que iban de shopping a McAllen.

Por otro lado, sabía bien que la ciudadanía podía ser objeto de violencia por la intolerancia política. Años antes, mis entrevistados en la huasteca potosina me platicaron de represiones, encarcelamientos y severos castigos comunitarios que habían sufrido por órdenes de los caciques o porque externaron su simpatía a la oposición y se manifestaron contra el fraude electoral.

Si la violencia política me indignó porque violaba los derechos humanos de los luchadores sociales indígenas que aprendí a apreciar y respetar; la violencia por motivos del narcotráfico me resultaba incomprensible y difícil de manejar.

El cambio radical en Tamaulipas y el destino que me llevó a vivir en aquella lejana frontera me adentraron en la dinámica fronteriza y en el análisis de la narcoviolencia. Sin embargo, esa consciente reflexión ha sido insuficiente para entender lo que ocurre.

Más bien, se han incrementado mis inquietudes: ¿por qué en Tamaulipas no hay autodefensas como en Michoacán?, ¿cómo le han hecho los agricultores para mantenerse como líderes nacionales, en varios productos, a pesar de la violencia que impera en el campo fronterizo?, ¿cómo se logra ocupar, simultáneamente, el primer lugar nacional en producción de sorgo y secuestros?

El auge de las campañas políticas en Tamaulipas y, particularmente, los fuertes y constantes señalamientos del vínculo entre los actores relacionados con el narcotráfico y varios candidatos –independientes o militantes de partidos políticos–, me ha tentado a sumar otras inquietudes a mis cavilaciones: ¿Cómo opera la triada política-violencia-narcotráfico?, ¿cómo se vive esta realidad al otro lado del Río Bravo?

Han pasado más de seis años desde que me alcanzó la violencia y en las últimas semanas le he estado dando vueltas a la llamada cultura de paz y las opciones viables que pudieran contribuir a revertir la situación actual.

Sin embargo, entre más pienso en mi realidad, más inquietudes me surgen. Quizá uno de estos días pueda encontrar una lucecita. Sé que difícilmente se resolverá el problema de fondo pero, por lo menos, me ayudaría a mantener la esperanza de que esta racha no será eterna.

Artemisa López León
Profesora-investigadora de El Colegio de la Frontera Norte en Matamoros