Corredor Fronterizo

Cincuenta años de maquiladoras en México: ¿Qué hemos aprendido?

En nuestro país, muchos de los proyectos económicos, sociales, y políticos se han implementado por haberlos visto en otros contextos y han carecido de una evaluación razonada de sus ventajas y límites para un país como el nuestro. En México todo se planea y ejecuta en el momento, se toman decisiones por trienio, sexenios, sometiendo el desarrollo del país a las voluntades de los políticos. Adoptamos proyectos de manera coyuntural, sin que exista un plan estratégico a largo plazo. Existe una idea bastante arraigada entre los gobernantes, y los mismos empresarios, de que los proyectos tienen una inercia propia, que van del crecimiento económico al desarrollo social, y eso no es así para pasar del mero crecimiento económico al social, hay que acompañar a este proyecto económico de planes sociales, de lo contrario, surgirán economías que pueden parecer exitosas, pero que tienen profundos rezagos sociales. Un ejemplo de este tipo de proyectos ha sido el resultado que la industria maquiladora ha tenido en distintas partes del territorio nacional.

La maquila, adoptada en 1965 como una industria que daría empleos a miles de desempleados que había en las ciudades de la frontera, dado la crisis económica en algunas regiones, y el regreso de connacionales dado el término del Convenio Bracero, ha cumplido con este papel de creador de empleos. Su máximo esplendor lo alcanzó en el año 2000 cuando generó casi 1 millón 300 mil empleos directos. Aunque creadora de empleos, la calidad de los empleos ha dejado mucho que desear. Éstos han sido altamente vulnerables a los ciclos económicos de las transnacionales a las que pertenecen, se crean y cierran al ritmo de la economía internacional, sin ninguna relación con la economía nacional. Lo más importante es que se basan en salarios bajos ligeramente superiores a los mínimos. Existen ciudades en donde el salario semanal de un trabajador se encuentra en los 700 u 800 pesos, ¿cómo puede ser posible que un trabajador de una transnacional con presencia internacional, muchas de ellas certificadas, esté pagando estos salarios? Se habla de buenas prácticas en la productividad, competitividad, innovación, ¿por qué no extenderlas a lo laboral y social?

De acuerdo a estadísticas internacionales, el salario pagado en México es de los más bajos en el mundo. En el pasado se comparaban sus ventajas con China, hoy este país paga más. Algo por demás preocupante, ¿qué nos pasó? ¿Por qué no dimos el paso como otras economías que iniciaron con maquiladoras y transitaron a la conformación de su propia industria, o bien a la creación de industrias del conocimiento, como los denominados tigres asiáticos? El problema es que nunca tuvimos una estrategia clara de cómo aprovechar esta industria para lograr los otros objetivos iniciales que se buscaba con ella: la industrialización de la frontera y la creación de personal calificado. Nos conformamos con la creación de empleos, no de su calidad, ni del mejoramiento de las ciudades que han hospedado a la maquila. Los gobiernos no han delineado políticas, ni estrategias para hacer corresponsables a estas industrias de los costos urbanos y sociales que enfrentan muchas de las ciudades en las que están instaladas. Por el contrario, siguen poniendo todo en bandeja de plata a la maquila para atraerla, a pesar de todas sus vulnerabilidades, sin exigirles ningún compromiso con el país. Poco o nada han aprendido los gobernantes de cómo beneficiar laboral y socialmente a los trabajadores y las ciudades con esta industria, por el contrario, les han transferido todos los costos de estos olvidos.


Cirila Quintero Ramírez
Profesora-Investigadora de El Colegio de la Frontera Norte en Matamoros