Corredor Fronterizo

De Atmahau’ Pakma’t a Denali

Hace unos días me tropecé en las redes sociales con una discusión nacional-geográfica recurrente: "Si el río Bravo se llama así, ¿por qué los gringos le dicen Río Grande?". Hay quienes lo preguntan por sana curiosidad, ante el hecho de la doble denominación de este curso fluvial fronterizo. Otros, partiendo de una posición nacionalista mexicana, argumentan que se trata de una muestra más del colonialismo estadunidense sobre México y lo que fue (de) México; y de ahí nos conduce al otro debate habitual: "Es que nos robaron la mitad del territorio".

Sé que este último tema gusta a muchos, pero no entraré en él. Prefiero regresar a la cuestión toponímica, pero tampoco les detallaré el origen de ambas denominaciones (y otras con las que españoles y mexicanos designaron al río) ni por qué en México se impuso una y en Texas (y luego Estados Unidos) la otra. Por el contrario, conviene recordar que ni uno ni el otro son los nombres que le daban los pueblos indígenas antes de que llegaran españoles, mexicanos y estadunidenses. Más aún esta semana, en la que se ha conmemorado el descubrimiento europeo de América, un 12 de octubre de 1492, lo que para muchos fue el inicio de la explotación y exterminio de los pueblos originarios.

Los indígenas navajo y pueblo, en Nuevo México, aún lo conocen con el nombre de mets'ichi chena, posoge, paslápaane y hañapakwa. De los grupos y lenguas que había en el noreste de México y sur de Texas hoy no sobrevive (casi) nada. Por suerte algunos cronistas registraron cómo lo designaban dos de los grupos que habitaban esta región. Los comecrudo se referían a él como atmahau' pakma't, y los cotoname como a'x kata'm. En estos seis casos, desde su nacimiento hasta la desembocadura, se traduce literalmente como "río (o agua) grande"; los exploradores simplemente lo debieron traducir.

La primera vez que leí sobre el Atmahau' Pakma't fue de la mano del periodista y escritor español Guillermo Fesser en su libro A cien millas de Manhattan, de 2008. En uno de los capítulos nos narra su viaje a San Antonio y al sur de Texas, una de las regiones más hispanas de Estados Unidos. Con atmahau' pakma't, Fesser nos recuerda que antes de la colonización, de las independencias de México y de Texas y de la guerra de 1846, aquí había alguien y que hoy ya no está.

Esos nombres no son simples palabras; son símbolos y significados. Hoy, su uso por parte de los indígenas es una reivindicación de su dignidad, identidad, historia y futuro; su uso por quienes no somos indígenas es un reconocimiento, una deuda.

En esta dirección, por ejemplo, hace escasamente dos meses el gobierno de los Estados Unidos cambió el nombre oficial del monte McKinley (el más alto del país y de toda América del Norte, con 6 mil 168 metros) a Denali. Con ello aceptaba una larga reivindicación del pueblo koyukon, en cuya lengua denali significa "la alta". Los koyukon contaban con el apoyo del gobierno de Alaska, que ya había aceptado el cambio en 1975. Después de decenios, el gobierno federal decidió realizar el cambio de nombre "en reconocimiento de las tradiciones de los nativos de Alaska y del fuerte apoyo por parte de la población de Alaska", según las declaraciones de la secretaria de Interior, Sally Jewell.

Este reconocimiento no sólo procede del gobierno, sino también de empresas como McDonald's. La cadena anunció la semana pasada que la McKinley Mac, hamburguesa comercializada en sus franquicias de Alaska, es rebautizada como Denali Mac. Aunque sea parte de una campaña comercial, ya es más de lo se ha hecho para el Atmahau' Pakma't.


Xavier Oliveras González
P
rofesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte