Perfil de mujeres

Leonora

“La razón debe conocer la razón del corazón y todas las demás razones”

Leonora Carrington

 

Una mujer es una mujer, solo eso. Los manifiestos, las declaraciones, las formulaciones de nuevas teorías artísticas, quedan fuera de su esfera. El núcleo de poetas y pintores que redactaron la teoría surrealista desdeñaron las voces femeninas que por esos tiempos eran muchas y tan talentosas como la de Leonora Carrington (1917-2011). Hay que ir por ellas, por esas voces, como quien entra en un bosque enmarañado y oscuro.

Felizmente el año de Leonora comenzó este abril de 2017 y será homenajeada con actos a su memoria que bien se lo merece. Mujer de una sola pieza debía serlo para llegar al lugar que ocupa en la plástica. Debía serlo para andar al tú por tú, primero con su amigo y luego compañero Max Ernst, y con el resto, Miró y Picasso, Dalí y Breton, por los cafés y los boulevards de París.

Había nacido en Inglaterra y estudiado en Londres. Pero en aquellos años París fue el centro del mundo en el arte y las vanguardias.  Era una muchacha de 20 años enamorada de un hombre de 47 cuando con Ernst y otros compinches formó el movimiento antifascista de artistas ante la amenaza del nazismo. Ambos a su vez conformaron Loplopy, lo grabaron en su casa de provincias: un ser fabuloso Max, y la desposada de los vientos, Leonora.

El paraíso terminó muy pronto, Ernst fue hecho prisionero y llevado a un campo de concentración y el padre de Leonora la internó en un hospital psiquiátrico. Cuando salió, tuvo la suerte de encontrarse con alguien como Renato Leduc, quien finalmente la desposó y la trajo a México.

Su incursión por las letras data de la misma época que su plástica. Mujer múltiple sin duda, a la que el arte se le daba multiplicado en letras y esculturas, en colores y palabras. En medio de sus creaciones y ya en México se divorció en 1943 de Leduc, retomando sus amistades con los artistas de Europa y encontrándose con ellos cuando llegaban a estos lares.

Su amistad con Remedios Varo tiene otra calidad más profunda y afín. En 2016 la dramaturga mexicana Estela Leñero estrenó una obra Remedios para Leonora  que expresa hondamente la relación que mantuvieron estas dos pintoras cuya obra por afinidades y vínculos estéticos a veces pareciera confundirse. El texto se basa en un encuentro onírico entre ellas puesto que Remedios murió casi 50 años antes.                                                                                                                                

Habiendo estado aparentemente loca en un psiquiátrico, Breton y su camada la vieron como la encarnación de los disparates y la musa indiscutible del surrealismo que proponía su escuela. De alguna manera Leonora hace honor al surrealismo aunque éste abundara en el uso de la mujer como maga, dadora de la vida  y su identificación con las misteriosas fuerzas y los poderes de la naturaleza, sin ir más allá. Surrealista, Leonora no obstante, agrega una profunda actitud analítica y hasta a veces socarrona respecto de sus temas y el tratamiento de sus formas.

En alguna ocasión quiso regresar a Inglaterra pero no halló el ámbito de comprensión y afectividad que hubiera querido por parte de su familia y la sociedad inglesa. De modo que regresó a México donde permaneció 43 años y tuvo a su hijo Gabriel Weisz quien hoy en día está al frente de su fundación. México es noble y acogedor para quienes han sido despojados de cuidados y afectos. Comprendo muy bien su regreso y su permanencia definitiva en este país. Cuando uno ha vivido en él, es muy difícil que otra tierra lo seduzca tanto como ésta.

Circular por su obra plástica, residir en sus extraños escritos, enfrentarse a la fantasmática aparición de sus personajes, fundirse en sus universos de figuras alargadas y cabezas puntiagudas, saltar los reflejos oníricos de espacios paralelos a la costumbre y adentrarse en ellos, creo que es un desafío que nos merecemos.

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