Perfil de mujeres

Piaf

A Paty Quiroga
Au fond c' n´étiat pas toi,.
Comme ce n'est même pas moi
Qui dit ces mots d'amour
Car chaque jour, ta voix,
Ma voix, ou d'autres voix,
C'est la voix de l'amour
Edith Piaf

También pudiera ser Moineau (Gorrión) como le gritaban sus fans en el Olympia o en el Versalles, o tan pequeña por las calles de París, el muchachito Piaf. Anoche fui a verla, quiero decir, asistí al teatro e increíblemente, allí estaba en escena, con su fragilidad y su desconcierto. Entonces me puse a recordarla, a volver a mi adolescencia tan llena de sus cantos, y los primeros años del amor en compañía diaria, donde él se apasionaba por Marlene Dietrich y yo saturaba las noches con Edith Piaf. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo para compartirlas mitad y mitad al igual que sus propias vidas, donde amigas de siempre, se completaban en sus diversas soledades.

Ahora la escucho domingo por la tarde, me sé sus canciones de memoria, las canto bajito, revivo mi juventud y la sigo en sus amores, difíciles, atormentados, mortales. Con la muerte de su amado Marcel, caído en el avión cerca de los Azores. Sí, en ese vuelo que yo nombraba hace poco en esta misma columna, con Ginette Neveu, la prodigiosa violinista y su hermano, quienes sucumben también. Pero Piaf había rogado a Marcel que regresara a Nueva York donde ella se encontraba, y él, amante perfecto, deja su entrenamiento en París, para correr a los brazos de su amada. Trágico desenlace donde el horror hunde a la francesa en la droga para soportar el dolor de la pérdida amorosa.

A partir de entonces su parábola mítica, aquel muchachito callejero que salta a la fama desde un cabaret de segunda a una sala de conciertos, aquella muchacha encinta por azar de los amores, aquella madrecita primera cuya niñita se le muere muy pronto, vuelve a entrar en la intemperie donde apenas puede tenerse en pie. Los amores pasan, la morfina queda. El deseo de ser igual a todos y regenerarse la impulsa a buscar remedios que la hacen girar como un carrusel. Pero bajo los puentes de París la vida puede ser color de rosa aunque el amor perdido no justifique un himno al amor, cantado demasiado tarde.

Y sí, el ser humano cuenta con un inagotable surtidor de esperanzas. Se renace, siempre se renace. Uno no sabe cómo, pero se yergue de la muerte, de los sistemas de ausencia que pulverizan a veces nuestras vidas, de los adioses a cosas, casas, paisajes, fronteras... ella, el gorrión, renace siempre. Amor tras amor, De Michel a Ives, de Ives a Charles o al revés y luego... ¿quién?, vaya a saber. Cuenta con la insobornable solidaridad de Marlene, de su hermana, de alguno que pasa por ahí y la reconoce. Ha dado tanta alegría y emociones con sus canciones que se merece estar acompañada día a día. Pero es imposible. La morfina aísla, tiene que estar sola para inyectarse.

Hasta los últimos tiempos, hasta cantar qué importa el amor, o vaya, no se trata de algo tan importante, porque al final de cuentas, ¿para qué sirve esa cosa, el amor? La pobreza de la infancia, la crueldad de las calles, el hambre pegado a las costillas, la violencia de la guerra, la promiscuidad de las casas de cita, la risa de las putas, la otra canción triunfante la de Lily Marlene, cantada precisamente por la Dietrich, su amiga del alma, eso sí deja huella, y heridas.

Y hasta olvidarse la letra en pleno concierto final en el Olympia, casi seguro con "Mon vieux Lucien", yo tenía ese long play en Argentina, donde se quiebra, y pide a la orquesta que recomience con la bufonada propia de su estirpe callejera. Era su regreso triunfal para salvar además el Olympia que estaba a punto de quebrar. Para terminar cantando a dúo con su último demasiado joven amante, Theo Sarapo.

Tanto vivir a contrapelo, tanto vivir aclamada y querida en medio de los amores truncos, tanto goce y tanta muerte, pasión de darse con el fuego de su voz.

Piaf muere el 10 de octubre de 1963, Jean Cocteau también en su lecho de muerte, se entera, se acuerda de su amiga, la que había estrenado una de sus obras en teatro, El bello indiferente, y subraya la grandeza de su corazón antes de morir ese mismo día.

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