Perfil de mujeres

La divina Sarah

…yo moriré en el escenario, es mi campo de batalla.

Sarah Bernhardt

 

Mark Twain precisa: “Hay cinco clases de actrices: malas, regulares, buenas, grandes actrices y…Sarah Bernhart”. Yo ya lo sospechaba antes de entrar en razón puesto que mi madre no sólo la mencionaba a menudo sino que me hizo leer su autobiografía y en mis inicios teatrales, practicar sus ejercicios. Nunca he conocido un perfil de mujer creadora tan semejante al de un hombre: por su fama inaudita cuyos ecos cruzaron los continentes y asimismo por su desmedida condición de seductora, rindiendo a su paso a viejos y jóvenes, célebres, anónimos, príncipes… de los cuales la mayoría fueron sus amantes. Freud, Henry James y Proust, la amaron desde la platea, Oscar Wilde a pesar de su homosexualidad fue su amigo y admirador, Víctor Hugo ya anciano, en la época en que ella reestrena Ruy Blas y Hernani, su amante, su amigo y su protector. La vasta lista de famosos que habitaron su lecho es imposible de nombrar: acaso Flaubert, George Sand, los Dumas padre e hijo, Gustave Doré, Sacha Guitry, Mounet-Sully, Salacrou, Téophile Gautier, Sardou, la gran pintora Louise Abbéma, Alphonse Daudet, Gabriele D’Anunzzio, Edmond Rostand…siempre falta agregar alguno.

Fue alternativamente Cleopatra y Hamlet, Fedra y Doña Sol, Teodora de Bizancio y Violette Leduc (La dama de las camelias), Lady Macbeth y Pierrot, Cordelia y Juana de Arco, Tosca mucho antes que Puccini la convirtiera en Ópera y Froufrou, cuya canción me enseñó mi madre y que todavía puedo entonar.   

Del mismo modo en que decidió dormir en un ataúd hecho expresamente para su menuda talla, también decidió que no era suficiente ser actriz y se decidió pintora y escultora, tejedora y pianista. Todo lo cual lo ejercitaba con suma facilidad. Como los viajes a los que era afecta por dinero y diversión. Nadie como ella recorrió paisajes tan diversos y en épocas tan inhóspitas. No obstante casi ninguna geografía le fue vedada, desde la milenaria India, la aún entonces bárbara Australia, hasta el desafío de atravesar el Estrecho de Magallanes en la región más austral del mundo y en medio de la tormenta.

La primera vez que actuó en Estados Unidos ganó un millón de dólares actuales. Y sus giras cruzando La Mancha para conquistar Londres, le depararon su primera gran fortuna.

Sufrió o bien aprovechó las guerras prusianas de 1870 con Francia, La Comuna de París y la Gran Guerra y en todas ellas se dio maña para sobrevivir y sacar rédito. Pasó del Conservatorio de París a la Comedia Francesa que luego desdeñó para realizar sus propias giras, crear sus propios teatros y reinar a la manera de Madre Coraje de Brecht.    

Hija de una cocotte de lujo aprendió de Youle, su madre, cada una y todas las estrategias para ganar prebendas a costa de los hombres que también se aprovecharon de ella para contarla entre sus amantes más bellas, y luego divinizaron e inmortalizaron. 

Su primer amante famoso fue el Príncipe de Ligne, que pronto la abandonó dejándole acaso el único ser que amó de verdad, Maurice, su hijo.  Se casó por única vez con Jacques Damala, un griego adicto a la morfina y al que tuvo que socorrer muchas veces. En plena juventud física y creativa fue bautizada como la divina Sarah a causa de sus escenas donde por oposición a la tradición impostada y melodramática de su tiempo, encarnaba cada personaje con la sutileza de la omisión y una estética intuitiva.

Inauguró el siglo filmando películas que mandó destruir porque le parecieron horribles. Felizmente quedan algunas en la Cineteca de París. Y durante la Primera Guerra Mundial haciendo Tosca, en la escena final cuando debe lanzarse al vacío, cayó mal a causa de un descuido técnico y su rodilla ya lastimada, le provocó una infección por lo cual hubo de amputársele la pierna.

Ella siguió haciendo teatro y cine sin tregua hasta su muerte en 1923, donde 150 mil parisinos acompañaron su féretro.

 

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