Perfil de mujeres

Virginia

Estoy sola en un mundo hostil. El rostro humano es atroz.

Virginia Woolf


Tuve tres madres tan hondas que me cuesta hablar de ellas.

Mi madre real, Lily, quien me regaló la música y la danza; Simone de Beauvoir, que me donara el privilegio de pensar, y Virginia Woolf, la que me plantó en el alma el amor a las palabras. Sin embargo, las tres se complementaron de tal modo para que yo no dejara nunca de leer y de escribir.

Virginia Woolf nace en 1882 en Londres, en el seno de una familia cuyos padres viudos formaron un nuevo hogar.

Venían con hijos de los matrimonios anteriores, de modo que bien pronto la familia llegó a ocho miembros con los recién llegados: Vanessa, Thoby, Virginia y el menor Adrián.

Virginia sufre la primera crisis emocional luego de la muerte de su madre, cuando cuenta con 15 años. Desde entonces y periódicamente la locura reaparecerá por diversos motivos que la vulneran tanto como para sentirse siempre una extranjera en su propia tierra, casa y familia. Escribe cómo su hermana Vanessa pinta, desde la adolescencia. La partida de la madre, luego la del padre, hacen de ambas unas criaturas en libertad rodeadas de los hermanos y los amigos de sus hermanos. De esta suerte se constituye lo que pasará a la historia de las Letras como el grupo de Bloomsbury.

También como mujer sexuada Virginia se sentirá una extraña.

Por un momento aspira a formar pareja con Lytton Strachey, aunque sabe que es homosexual -casi todos sus amigos lo son-; luego siente atracción por mujeres que la asombran por su audacia, como Vita Sackville-West o Katherine Mansfield. Finalmente, al borde de sus 30 años, desposará a Leonard Woolf, el más tranquilo y centrado de Bloomsbury, no antes de dudar mucho puesto que "la violencia de tu deseo me irrita", le confiesa en una misiva.

Su vida es sesgada por la muerte de sus seres queridos una y otra vez, luego de sus padres, su hermanastra Linda, poco después su hermano mayor Thoby… y antes de su último y logrado intento de suicidio, el hijo de Vanessa, a los pocos días de haber sido reclutado por el gobierno de la República Española, durante la Guerra Civil española.

El mundo siempre le pareció superficial e injusto y nunca se sintió a gusto en él.

Crítica feroz del orden patriarcal, antes del Segundo sexo de Beauvoir escribió el libro más importante del siglo XX en cuanto a la cuestión femenina: Un cuarto propio en 1929. Obra publicada en América Latina por otra mujer que la admiraba mucho, me refiero a Victoria Ocampo y su revista Sur, traducida dos años después por Jorge Luis Borges quien, también a instancias de Victoria, se interesa en su producción y por ello conoceremos su obra incluso antes o a la par que la propia Europa.

Extranjera como ella sola, su enorme conocimiento de la índole femenina y de ella misma, no obstante, la impulsa a crear en sus obras un mundo vivo de reflejos y analogías; así los paisajes, los tiempos y los espacios se cargan de la organicidad, carne y psiquis de sus personajes femeninos. Lo hace poniendo en juego su propio ser. La idea de lo que dirían los hombres de una mujer que dijese la verdad sobre sus pasiones la despertó de su inconsciencia de artista. No podía seguir escribiendo dice en una conferencia pronunciada en la sede de la Liga del Trabajo Femenino.

Todavía hoy su voz está a la vanguardia de nuestros discursos de género. Antes de morir en 1940 se atreve a comparar la opresión femenina con la represión nazi. Y advierte con una sensibilidad que da escalofríos, el alcance de los bombardeos sobre Londres. Este mundo no es para su signo de horror y muerte, sella su partida.

Pero también yo, a pesar de las afinidades, la he sentido siempre extraña y lejana. Su lucidez me admira, el ejercicio de su pensamiento por ejemplo en Tres Guineas me asombra, lo cual no me pasa con Arendt que es filósofa. Virginia crea para mí un universo diverso, con otras constelaciones, otros giros de luz y sombras. Ella me envuelve en una atmósfera con reminiscencias de océano inabarcable. Su azul, es el azul de Las olas, su obra maestra, según mi entender. Un azul hondo entrevisto en el fondo de las aguas, acaso al que volvió a integrarse cuando en el Támesis… con sus bolsillos llenos de piedras para que no sucediera como la primera vez, para que la vida no la tirara otra vez hacia arriba.

coral.aguirre@gmail.com